Durante meses se rumoreaba que Microsoft tenía entre manos una Xbox portátil, algo al estilo de Steam Deck o la ROG Ally… y sí, era cierto. Pero lo que no sabíamos es por qué la enterraron antes de nacer: AMD pedía un pedido mínimo de 10 millones de unidades para fabricar el chip personalizado, y en Redmond dijeron: “mejor no”.
Un sueño verde que se desinfló rápido
La idea era clara: un sistema compacto que corriera juegos de Xbox con toda la fuerza de Game Pass y la comodidad de una portátil moderna. Pero AMD exigía un compromiso de producción enorme para arrancar el desarrollo del SoC (el cerebro del aparato).
Y claro, Microsoft miró las cifras y dijo “mmm… igual no”.
- Steam Deck ha vendido unos 5 millones de unidades.
- Las ROG Ally o Legion Go apenas rondan los 2 millones.
Números que no convencen a nadie para tirarse de cabeza a fabricar 10 millones de portátiles desde el minuto uno.
Un cambio de estrategia
Así que, en lugar de apostar por su propio hardware, Microsoft ha preferido potenciar los PC “consolizados”, como la ROG Ally, y centrarse en algo más estratégico: mejorar Windows 11 para portátiles gaming y unificar la experiencia Xbox + PC.
El objetivo: plantar cara a SteamOS, que está ganando terreno a base de estabilidad y rendimiento.
En resumen
Microsoft tenía la máquina, AMD tenía el chip, pero el miedo a no alcanzar las ventas necesarias frenó el proyecto.
Y así, la “Xbox portátil” se quedó en eso: un prototipo que nunca veremos… aunque quién sabe, si el mercado despega y Game Pass sigue creciendo, quizá en unos años vuelvan a intentarlo.
Lo curioso es que Microsoft se ve más cómoda en modo software, dejando que otros fabriquen el cuerpo mientras ellos dominan el alma: el ecosistema. Y si logran que Windows funcione en portátil tan bien como SteamOS… entonces sí, prepárate para el “nuevo ciclo verde”.
