Hay videojuegos que buscan el espectáculo constante y otros que, sin hacer demasiado ruido, encuentran su identidad en algo mucho más íntimo: la tradición, el folclore y el cariño por las historias transmitidas de generación en generación. Manairons pertenece con orgullo a este segundo grupo. Desde el primer momento en que vimos a su pequeño protagonista con barretina recorrer escenarios desproporcionadamente grandes, quedó claro que estábamos ante una aventura que aspiraba a algo más que ser un plataformas simpático: quería reivindicar un imaginario cultural propio y convertirlo en mecánica jugable.

Desarrollado por Jandusoft y 3Cat, Manairons es una aventura de plataformas 3D que apuesta por el cuento narrado alrededor del fuego, por la voz que guía y por la moraleja evidente. Y lo hace sin complejos. Lo que podría haberse quedado en un simple envoltorio estético se convierte aquí en el eje central de la experiencia, tanto en su ambientación como en su planteamiento jugable.


Vilamont y el caos del canut

La historia nos traslada a Vilamont, un pequeño pueblo que ha sufrido una transformación radical debido a la ambición desmedida de Llorenç, un terrateniente que, cegado por la codicia, decidió explotar el poder del canut para liberar a los manairons. Estas criaturas mitológicas pirenaicas, obsesionadas con el trabajo hasta el extremo, se convierten en una fuerza descontrolada que altera por completo la vida cotidiana del pueblo.

Aquí entra en escena Nai, nuestro protagonista o protagonista según la elección corporal inicial. Despertado por una narradora que adopta el rol de bruja guía —tan omnipresente como sospechosa—, Nai tiene la misión de restaurar el equilibrio enfrentándose a sus propios congéneres. La premisa es sencilla, pero funciona: la historia no pretende sorprender con giros imposibles, sino transmitir un mensaje claro sobre la explotación, el exceso y la pérdida de identidad.

La narración adopta el tono de un cuento clásico, con una voz en off que interviene con frecuencia. Esta decisión aporta coherencia y personalidad, aunque también puede resultar demasiado insistente para quienes prefieran una narrativa más sutil. Aun así, el conjunto encaja perfectamente con el espíritu del proyecto.


La flauta como eje jugable

Si hay un elemento que define a Manairons es la flauta de Nai. Lejos de ser un simple arma, se convierte en la herramienta central del diseño jugable. Con ella podemos atacar cuerpo a cuerpo o a distancia, pero también interpretar melodías que desbloquean nuevas posibilidades.

Cada canción tiene una función concreta: mover objetos, activar mecanismos, impulsarnos verticalmente o superar distancias imposibles. La progresión se articula en torno a la adquisición de nuevas melodías, lo que introduce un componente casi metroidvania en la exploración. No hablamos de un diseño complejo o laberíntico, pero sí lo suficientemente estructurado como para invitar a revisitar zonas.

Eso sí, el juego exige memorizar las combinaciones de notas. No son especialmente difíciles, pero pueden olvidarse con facilidad. Existe la opción de consultarlas en el menú, aunque esto rompe ligeramente el ritmo. Habría sido interesante integrar un sistema más orgánico para interiorizarlas.


Plataformas accesibles, combate funcional

En términos de dificultad, Manairons apuesta claramente por la accesibilidad. Las secciones de plataformas requieren atención y paciencia más que habilidad milimétrica. No estamos ante un desafío exigente al estilo de los grandes exponentes del género, sino ante un viaje relajado que prioriza la exploración y el disfrute del entorno.

El combate, por su parte, cumple sin destacar. Los enfrentamientos contra otros manairons son sencillos y los jefes se basan en patrones fáciles de leer. Se echa en falta un movimiento de esquiva que aporte mayor profundidad, y la cámara fija en determinadas zonas puede jugar en contra del jugador.

El sistema de salud se basa en bolsas de setas que recuperamos al descansar en los pufs repartidos por el mapa. Estos puntos funcionan como checkpoints, restauran la vida y permiten escuchar vinilos coleccionables. Es un sistema clásico, efectivo y coherente con el tono pausado de la aventura.


Un apartado artístico con identidad

Donde Manairons brilla con luz propia es en su apartado audiovisual. La estética combina un aire retro con un diseño detallado y lleno de pequeños guiños culturales. Los escenarios, aunque no especialmente amplios, están cuidadosamente construidos para transmitir calidez y coherencia temática.

La banda sonora acompaña con melodías que invitan a la calma, y la inclusión de vinilos coleccionables añade un incentivo adicional para explorar. Pero la auténtica joya es el doblaje en catalán. La interpretación aporta autenticidad y eleva la experiencia narrativa. Es una recomendación clara optar por esta versión para disfrutar plenamente del tono de cuento tradicional.


Exploración y coleccionables

El diseño de niveles incentiva la curiosidad. Cada negocio de Vilamont esconde secretos, desviaciones y objetos opcionales. El sistema informa de cuántos coleccionables hemos encontrado antes de entrar en cada zona, pero no indica su ubicación exacta, lo que mantiene el componente exploratorio.

El desbloqueo del viaje rápido entre pufs facilita la limpieza de zonas pendientes sin resultar abusivo. No es un mundo abierto ni pretende serlo, pero sí ofrece suficiente libertad como para recompensar al jugador atento.


Conclusiones

Manairons es una obra que demuestra que el videojuego puede ser vehículo de tradición cultural sin perder atractivo jugable. No reinventa el género de plataformas 3D ni introduce mecánicas revolucionarias, pero construye una experiencia sólida alrededor de una identidad clara.

Su mayor fortaleza es la coherencia entre narrativa, mecánicas y estética. Su mayor debilidad, la falta de profundidad en combate y cierta simplicidad estructural que puede dejar con ganas de más a jugadores veteranos.

Es ideal para quienes buscan una aventura accesible, con mensaje y con un enfoque diferente dentro del panorama actual. No es un título que marque época, pero sí uno que aporta personalidad y cariño en cada detalle.

Lo mejor

  • Su identidad cultural y el uso del folclore pirenaico.
  • La flauta como mecánica central variada y creativa.
  • El doblaje en castellano y catalán, la narración tipo cuento.
  • Apartado artístico con encanto y coherencia.
  • Dificultad accesible y bien equilibrada.

Lo peor

  • Combate algo simple y sin esquiva.
  • Cámara fija que a veces dificulta los saltos.
  • Escasa complejidad en puzles avanzados.
  • Poca profundidad mecánica para jugadores veteranos.

Desarrollador: Jandusoft, 3Cat
Editor: Jandusoft
Plataformas: PC, PlayStation 5, Nintendo Switch (próximamente), Xbox Series X/S (próximamente)


Nota: 8,2

Manairons es una pequeña joya nacional que destaca por su identidad, su coherencia y su cariño por el folclore. Puede quedarse corto en profundidad jugable, pero compensa con una experiencia cálida, honesta y sorprendentemente sólida.

Este análisis ha sido posible gracias a una clave para PC cedida por Jandusoft

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