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Durante los últimos años hemos visto cómo el género roguelike ha explotado hasta convertirse en uno de los más saturados de la industria independiente. Cada mes aparecen nuevas propuestas que intentan replicar el éxito de gigantes como Hades, Dead Cells o Risk of Rain. Algunas lo consiguen gracias a una mecánica concreta; otras, simplemente, desaparecen sin dejar huella. Por eso resulta tan refrescante encontrarse con un título como Realm of Ink, una aventura que quizá no reinvente las bases del género, pero que entiende perfectamente qué hace divertido a este tipo de experiencias y, sobre todo, cómo construir una identidad propia.

Desde sus primeros minutos, la obra de Leap Studio deja clarísimo cuál es su principal fortaleza: el apartado artístico. Realm of Ink entra por los ojos de una manera casi insultante. Todo parece pintado a mano, como si cada escenario hubiese sido construido utilizando acuarelas y pinceladas digitales que mezclan fantasía oriental, tinta viva y un estilo visual tremendamente elegante. Hay roguelikes que priorizan la profundidad jugable por encima de la estética; aquí ocurre algo muy distinto. Realm of Ink quiere atraparte visualmente desde el primer segundo, y lo consigue con muchísima facilidad.

Pero lo interesante es que no se queda únicamente en una cara bonita. Tras esa dirección artística sobresaliente encontramos un juego de acción muy sólido, rápido, adictivo y diseñado para que siempre tengas la sensación de estar mejorando run tras run. Y eso, dentro de un género donde repetir estructuras puede resultar agotador, tiene muchísimo mérito.

Un universo construido con tinta y leyendas

Narrativamente, Realm of Ink apuesta por una estructura muy clásica dentro del género roguelike: una historia fragmentada que se desarrolla poco a poco a medida que avanzamos, morimos y desbloqueamos nuevas conversaciones. No estamos ante un RPG gigantesco ni ante una narrativa especialmente cinematográfica, pero sí frente a un universo que consigue despertar curiosidad constantemente.

El juego nos transporta a un mundo fantástico inspirado claramente en la mitología oriental, donde la tinta no es solamente un recurso visual, sino también una parte fundamental de la identidad del universo. Los escenarios parecen cuadros vivos, las criaturas recuerdan a ilustraciones tradicionales chinas y japonesas, y los personajes poseen un diseño extremadamente cuidado.

La protagonista —o mejor dicho, los distintos héroes que iremos desbloqueando— se embarca en un viaje cargado de conflictos espirituales, criaturas corrompidas y enemigos que parecen haber salido de antiguos cuentos ilustrados. El juego no te lanza toda la información de golpe; prefiere sugerir, insinuar y dejar que seas tú quien vaya conectando las piezas.

Y sinceramente, creo que es la mejor decisión posible.

En muchos roguelikes la narrativa acaba funcionando como un simple relleno entre combates. Aquí no. Realm of Ink consigue que quieras regresar al refugio principal para escuchar nuevas líneas de diálogo, descubrir más sobre sus personajes o entender qué demonios está ocurriendo realmente en este extraño universo de tinta y espiritualidad.

Además, la localización al español funciona sorprendentemente bien. Todos los textos están correctamente adaptados y eso ayuda muchísimo a conectar con el mundo y sus personajes. Puede parecer un detalle menor, pero en juegos tan centrados en repetir partidas constantemente, una buena traducción marca una diferencia enorme en la inmersión.

Acción rápida, fluida y tremendamente satisfactoria

Ahora bien, la verdadera estrella de Realm of Ink está en su jugabilidad. Y aquí sí se nota muchísimo la influencia de Hades. No lo digo como algo negativo; al contrario. Leap Studio entiende perfectamente por qué el combate del juego de Supergiant funcionaba tan bien y utiliza esa filosofía como base para construir algo propio.

Los enfrentamientos son rápidos, agresivos y muy dinámicos. El juego te obliga constantemente a moverte, esquivar, atacar y reaccionar con velocidad. Cada arena está diseñada para que nunca permanezcas quieto demasiado tiempo, y eso genera un ritmo muy intenso que engancha desde las primeras partidas.

Los controles responden de maravilla. Cada dash, cada ataque y cada habilidad especial transmite una sensación de impacto muy satisfactoria. Hay una fluidez constante en los movimientos que convierte cada combate en una especie de danza violenta llena de efectos visuales espectaculares.

Lo interesante es que Realm of Ink no depende únicamente de su combate base para mantener el interés. Gran parte de la gracia está en las builds que podemos construir durante cada run. Conforme avanzamos iremos desbloqueando habilidades pasivas, modificadores y mejoras que alteran completamente nuestra forma de jugar.

Podemos apostar por configuraciones centradas en daño crítico, builds más enfocadas en movilidad extrema, ataques elementales o estilos más defensivos capaces de resistir enormes cantidades de daño. Esa variedad hace que cada intento se sienta distinto y evita que la fórmula caiga demasiado rápido en la monotonía.

Además, el juego tiene algo que muchos roguelikes olvidan: sabe recompensar al jugador constantemente. Incluso cuando morimos sentimos que hemos avanzado de alguna manera, ya sea desbloqueando nuevas habilidades, obteniendo mejoras permanentes o descubriendo fragmentos adicionales de la historia.

Y eso resulta vital en un género donde la repetición forma parte esencial de la experiencia.

Un roguelike accesible sin perder profundidad

Otro aspecto que me ha sorprendido muy positivamente es cómo Realm of Ink logra equilibrar accesibilidad y complejidad. Hay roguelikes que abruman desde el minuto uno con sistemas imposibles de entender. Aquí ocurre lo contrario.

Las mecánicas son fáciles de comprender, el progreso está bien explicado y el juego introduce nuevas herramientas poco a poco. Eso hace que cualquier jugador pueda disfrutarlo, incluso si no tiene demasiada experiencia dentro del género.

Pero ojo, porque eso no significa que sea simple.

Conforme avanzamos aparecen enemigos mucho más agresivos, patrones de ataque complejos y combinaciones de habilidades que exigen aprender bien las sinergias del sistema. Realm of Ink consigue algo muy complicado: ser accesible sin dejar de ofrecer profundidad real a quienes quieran dominarlo por completo.

También ayuda muchísimo que las partidas tengan un ritmo muy ágil. No necesitas sesiones eternas para sentir progreso, algo que personalmente agradezco muchísimo en este tipo de títulos. Puedes jugar media hora, completar una run interesante y sentir igualmente que has avanzado.

Y en una época donde muchos juegos parecen exigir dedicación absoluta, eso se agradece enormemente.

Un espectáculo visual que nunca deja de impresionar

Si en la primera parte hablábamos de la solidez jugable de Realm of Ink, ahora toca detenernos en lo que probablemente terminará convirtiéndose en el principal reclamo del juego: su espectacular apartado audiovisual. Porque sí, estamos ante uno de esos indies que consiguen destacar simplemente con una captura de pantalla.

La dirección artística de Leap Studio es fantástica. Cada escenario parece construido utilizando tinta líquida en movimiento, pinceladas tradicionales y una mezcla de colores extremadamente cuidada. Hay una fuerte inspiración en la pintura oriental clásica, pero reinterpretada con un estilo moderno que consigue que todo tenga personalidad propia.

Los escenarios varían constantemente entre bosques espirituales, templos abandonados, paisajes montañosos y estructuras imposibles bañadas por luces neón y efectos mágicos. Y aunque la estructura roguelike obliga inevitablemente a reutilizar ciertos elementos visuales, el juego logra disimular muy bien esa repetición gracias a la enorme cantidad de efectos de partículas y pequeños detalles decorativos.

Además, las animaciones son excelentes.

Los personajes se mueven con muchísima fluidez y cada ataque transmite una sensación de velocidad y contundencia muy satisfactoria. Los efectos visuales durante el combate llenan la pantalla de color sin resultar confusos, algo especialmente importante en un género donde el caos visual puede convertirse rápidamente en un problema.

También merece una mención especial el diseño de enemigos. Aunque no todos son especialmente originales desde un punto de vista mecánico, visualmente sí poseen bastante personalidad. Hay criaturas inspiradas en bestias mitológicas orientales, espíritus deformados y enemigos humanoides cuya estética parece salida directamente de un cuadro tradicional animado.

Eso sí, aquí aparece uno de los primeros problemas importantes del juego: la variedad.

Aunque Realm of Ink introduce nuevos enemigos de forma constante durante las primeras horas, llega un momento donde empezamos a notar ciertos patrones repetidos. Algunos rivales simplemente reutilizan comportamientos ya vistos cambiando ligeramente sus ataques o aumentando su agresividad.

No llega a ser algo grave, pero sí afecta un poco a la sensación de sorpresa constante que el juego intenta transmitir.

Una banda sonora que acompaña perfectamente la acción

El apartado sonoro también está muy bien resuelto. La banda sonora mezcla instrumentos tradicionales orientales con composiciones electrónicas suaves que encajan perfectamente con el tono del juego.

Durante los combates más intensos predominan ritmos rápidos y percusiones agresivas que aumentan muchísimo la tensión de las peleas. En cambio, en los momentos más tranquilos, el juego apuesta por melodías ambientales mucho más relajadas que ayudan a reforzar esa sensación espiritual y melancólica que envuelve todo el universo de Realm of Ink.

No creo que estemos ante una OST tan memorable como la de Hades o NieR: Automata, pero sí frente a una selección musical tremendamente efectiva. Nunca roba protagonismo a la acción, pero siempre acompaña perfectamente lo que ocurre en pantalla.

Los efectos de sonido también cumplen muy bien su función. Cada impacto tiene fuerza, las habilidades especiales resultan satisfactorias y las explosiones de tinta o energía ayudan muchísimo a potenciar la espectacularidad visual del combate.

Y lo mejor es que todo esto funciona de maravilla incluso en equipos modestos.

La optimización del juego en PC me ha parecido muy sólida. Realm of Ink no exige una máquina especialmente potente y mantiene un rendimiento estable prácticamente en todo momento. Teniendo en cuenta la cantidad de partículas, efectos y elementos visuales que aparecen constantemente en pantalla, es algo bastante meritorio.

Donde Realm of Ink tropieza un poco

Pero no todo es perfecto. Aunque Realm of Ink me ha dejado sensaciones muy positivas, también creo que tiene varios problemas que impiden que alcance un nivel verdaderamente sobresaliente.

El principal es, probablemente, la sensación de familiaridad constante.

Por muy bonito que sea y por muy bien que funcione su combate, resulta imposible ignorar cuánto bebe de otros grandes referentes del género. La estructura de progresión, el ritmo de las runs, ciertos sistemas de mejora e incluso algunas decisiones de diseño recuerdan demasiado a Hades.

Y claro, eso puede jugarle en contra.

Porque aunque Realm of Ink tiene personalidad artística propia, jugablemente rara vez transmite la sensación de estar haciendo algo realmente revolucionario. Funciona muy bien, sí, pero pocas veces sorprende de verdad.

También creo que la narrativa tarda demasiado en despegar.

La historia tiene ideas interesantes y un universo atractivo, pero durante las primeras horas avanza a un ritmo bastante lento. Algunos jugadores pueden desconectar antes de que el juego empiece realmente a desarrollar sus personajes y conflictos principales.

Y luego está el tema de la variedad de escenarios.

Visualmente son preciosos, pero después de muchas horas empezamos a notar cierta repetición estructural. Algunas zonas terminan pareciéndose demasiado entre sí y eso afecta ligeramente a la sensación de descubrimiento constante que uno espera en un roguelike moderno.

Aun así, ninguno de estos problemas consigue romper la experiencia.

Porque Realm of Ink entiende perfectamente algo fundamental: la sensación de jugar sigue siendo divertidísima. Y cuando un roguelike consigue que quieras iniciar “una última partida” constantemente, significa que algo está haciendo muy bien.

Un fallo que pone texto francés en nuestro idioma

Un indie que demuestra muchísimo potencial

Lo que más me gusta de Realm of Ink es que se siente como un proyecto hecho con muchísimo cariño. No intenta competir directamente con las grandes producciones AAA ni reinventar el género a la fuerza. Lo que busca es ofrecer una experiencia sólida, divertida y visualmente inolvidable.

Y sinceramente, lo consigue.

Leap Studio ha creado un roguelike tremendamente disfrutable, capaz de enganchar tanto a jugadores veteranos del género como a quienes quieran iniciarse en este tipo de experiencias. Su sistema de combate es adictivo, la progresión está muy bien medida y el apartado artístico consigue elevar muchísimo toda la aventura.

Puede que no tenga la profundidad narrativa de Hades ni la variedad mecánica de otros gigantes del género, pero compensa esas carencias con personalidad, ritmo y una dirección artística absolutamente fantástica.

Además, el hecho de que funcione tan bien en sesiones cortas lo convierte en un juego peligrosamente adictivo. Siempre parece haber una nueva mejora que desbloquear, una build distinta que probar o una conversación adicional que descubrir.

Y eso, dentro del saturadísimo mercado indie actual, ya es mucho decir.

Conclusión

Realm of Ink es uno de esos roguelikes que quizá no revolucionen el género, pero sí consiguen destacar gracias a una identidad visual potentísima y una jugabilidad tremendamente satisfactoria. Leap Studio ha sabido construir una experiencia accesible, rápida y muy divertida que entiende perfectamente qué hace funcionar a este tipo de juegos.

Su combate ágil, la enorme calidad artística y el sólido sistema de progresión convierten cada partida en una experiencia muy entretenida, incluso cuando algunas de sus mecánicas recuerdan demasiado a referentes mucho más conocidos.

No alcanza la excelencia absoluta por culpa de cierta repetición estructural, una narrativa algo lenta en su desarrollo y una sensación constante de familiaridad, pero aun así estamos ante un indie muy recomendable para cualquier amante de los roguelikes de acción.

Puede que Realm of Ink no redefina el género, pero sí demuestra que todavía quedan muchas formas de darle personalidad propia.

Lo mejor

  • Dirección artística preciosa y tremendamente original
  • Combate rápido, fluido y muy satisfactorio
  • Gran sensación de progresión constante
  • Excelente optimización en PC
  • Traducción al español muy cuidada
  • Partidas ágiles ideales para sesiones cortas

Lo peor

  • Algunas mecánicas recuerdan demasiado a Hades
  • La narrativa tarda bastante en arrancar
  • Cierta repetición en enemigos y escenarios
  • Puede perder frescura tras muchas horas seguidas

Ficha del juego

Desarrollador: Leap Studio
Editor: 4Divinity
Plataformas: PC, Switch, Xbox series y PS4 y PS5
Género: Roguelike de acción

Nota final:

8,2 / 10

*Este análisis de Realm of Ink para PC ha sido posible gracias a una clave facilitada por Mark Allen PR

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