Mucho indie que intentan parecer retro se quedan en “mira qué píxeles más monos”. Y luego está Wings of Endless, que directamente parece haber salido de una dimensión paralela donde la Super Nintendo siguió viva veinte años más y alguien decidió mezclar Wonder Boy, Hamerin’ Harry, anime de sobremesa y un cazarrecompensas adolescente con más confianza que neuronas.
Y la verdad: bendita mezcla.
Lo nuevo de Isoca Games, estudio uruguayo al que conviene empezar a seguir muy de cerca, es un action RPG 2D que entra por los ojos desde el primer minuto y termina atrapándote gracias a una mezcla muy bien medida de exploración, plataformas, combate y ese aroma a aventura clásica que ya casi no se hace así.
Porque sí, Wings of Endless tiene muchísimo sabor noventero.
Pero no de ese retro artificial que parece diseñado por un algoritmo de X para vender nostalgia barata. No. Aquí hay cariño real por los juegos clásicos. Se nota en cómo están construidos los mapas, en el ritmo de la aventura y hasta en esa sensación constante de “voy a mirar esta esquina porque seguro que esconden algo”.
Y normalmente esconden algo.
O una hostia.
A veces ambas cosas.
Tabla de Contenidos
Hariku: un chaval con un martillo y energía de protagonista de anime que se mete en problemas por deporte
La historia nos pone en la piel de Hariku, un joven cazarrecompensas que vive prácticamente haciendo recados y sobreviviendo como puede después de quedarse huérfano siendo niño.
Y sí, tiene exactamente esa energía de protagonista de anime clásico que mezcla valentía, inconsciencia y comentarios chulescos incluso cuando todo se está yendo al demonio.
Durante uno de sus trabajos conoce a Owly, un búho parlante que probablemente tenga más paciencia que cualquier ser vivo del planeta. A partir de ahí ambos terminan metidos en una aventura relacionada con antiguas torres mágicas, secretos olvidados y un mundo bastante más complejo de lo que parecía inicialmente.
Lo mejor es que la historia sorprende más de lo esperado.
Al principio parece la típica excusa ligera para ir de mazmorra en mazmorra pegando martillazos a bichos raros. Pero poco a poco aparecen giros, personajes interesantes y situaciones que consiguen mantener bastante bien el interés.
Además, la química entre personajes funciona genial.
Hay diálogos divertidos, pequeñas pullas constantes y ese tono desenfadado que hace muy fácil encariñarse con el grupo protagonista. No estamos ante una narrativa súper profunda ni pretende revolucionar el género, pero sí consigue algo muy importante: caer bien.
Y a veces eso vale muchísimo más.
Un combate sencillo… hasta que descubres todo lo que puedes hacer
Si algo hace muy bien Wings of Endless es cómo va ampliando sus posibilidades jugables constantemente.
Hariku empieza siendo relativamente básico. Tiene su martillo, un par de movimientos y mucha energía de “voy a solucionar todo a golpes”. Pero pronto descubrimos que la gracia del juego está en combinar habilidades y personajes.
Porque no estaremos solos demasiado tiempo.
A medida que avanza la aventura desbloqueamos nuevos compañeros jugables, cada uno con habilidades completamente distintas. Y aquí es donde el juego empieza a ponerse realmente divertido.
Por ejemplo, Diana utiliza dagas envenenadas, puede hacerse invisible y saltar entre paredes como si fuera una mezcla entre ninja y dolor de cabeza para los enemigos. Makoto, en cambio, utiliza magia elemental y puede teletransportarse aprovechando estados alterados.
Y lo mejor: podemos cambiar entre ellos al vuelo.
Eso convierte la exploración en una fiesta constante de combinar habilidades, improvisar rutas imposibles y sentirte listo cuando descubres cómo llegar a ese cofre escondido que llevabas mirando veinte minutos pensando “eso tiene pinta de secreto gordo”.
Y normalmente lo es.

El alma metroidvania está muy viva aquí
Aunque el juego se presenta inicialmente como una aventura relativamente lineal, tarda poco en abrirse y enseñarte su verdadero ADN metroidvania.
Los mapas empiezan a conectarse entre sí, aparecen caminos bloqueados que requieren habilidades concretas y el backtracking se convierte en parte fundamental de la experiencia.
Y sinceramente, está bastante bien hecho.
El mapa se actualiza constantemente, podemos dejar marcadores y el diseño de niveles favorece muchísimo esa sensación clásica de “espera… ahora sí puedo entrar aquí”.
Ese momento siempre da dopamina.
Especialmente porque Wings of Endless entiende muy bien algo fundamental del género: volver sobre tus pasos solo funciona si moverte por el mundo sigue siendo divertido.
Y aquí lo es.
Las secciones plataformeras tienen bastante ritmo, las habilidades se sienten ágiles y combinar personajes para alcanzar nuevas zonas resulta sorprendentemente satisfactorio.
Hay momentos donde casi parece un puzzle de movilidad más que un simple juego de acción.
Y eso le sienta genial.

Un sistema de progresión clásico… y bastante adictivo
El RPG también tiene bastante presencia dentro de la experiencia.
Derrotar enemigos nos da experiencia, subimos niveles y conseguimos puntos para desbloquear habilidades dentro de pequeños árboles de progreso. Nada especialmente revolucionario, pero funciona muy bien porque nunca interrumpe el ritmo de la aventura.
Cada personaje tiene además equipamiento propio: armas, armaduras, accesorios y mejoras que permiten adaptar bastante nuestro estilo de juego.
Y sí, habrá momentos donde te sentirás una máquina de destrucción absoluta.
Hasta que aparece algún jefe opcional escondido en una esquina infernal del mapa y te devuelve humildemente al suelo de una patada giratoria.
Porque cuidado: el juego tiene bastante mala leche cuando quiere.
Especialmente con ciertos enemigos opcionales y algunos desafíos escondidos que exigen dominar bien las mecánicas y llegar preparado.
Y sinceramente, se agradece muchísimo.

El equilibrio del juego está un poco borracho… pero tiene encanto
No todo es perfecto, claro.
Uno de los mayores problemas de Wings of Endless es el balance de dificultad, especialmente durante las primeras horas. Hay momentos donde ciertos enemigos parecen diseñados específicamente para arruinarte el día.
El veneno hace muchísimo daño.
Algunas trampas están colocadas con clarísima intención criminal.
Y si no mejoras bien las estadísticas usando las famosas plumas doradas, prepárate para sufrir más que un becario en cierre fiscal.
Lo curioso es que luego ocurre justo lo contrario.
De repente mejoras un poco el equipo, entiendes mejor las mecánicas y empiezas a destrozar jefes casi sin despeinarte. El juego pasa de “socorro” a “soy el protagonista del anime” bastante rápido.
Ese vaivén de dificultad puede sentirse raro, pero la verdad es que rara vez llega a romper la diversión porque el núcleo jugable sigue siendo muy entretenido.
Además, cuando el combate, la exploración y las plataformas empiezan a encajar… cuesta muchísimo soltar el mando.

Un pixel art precioso con alma de anime clásico
Visualmente, Wings of Endless entra como un tiro.
El pixel art tiene muchísimo encanto y mezcla perfectamente esa estética SNES con diseños anime muy noventeros. Los escenarios son variados, coloridos y tienen suficientes detalles para que explorar resulte agradable constantemente.
Cada bioma tiene personalidad propia.
Hay bosques, ruinas, pueblos, cavernas y zonas mágicas que consiguen diferenciarse bastante bien tanto visualmente como jugablemente.
Además, las animaciones tienen bastante mimo. Los ataques se sienten contundentes, las habilidades especiales lucen muy bien y algunos jefes tienen diseños realmente espectaculares.
No intenta competir con producciones gigantescas.
Pero tampoco le hace falta.

Cuando consigues al grupo completo el juego despega de verdad
Hay juegos que enseñan todas sus cartas demasiado pronto. Wings of Endless hace justo lo contrario.
Durante las primeras horas parece un action RPG simpático, entretenido y bastante clásico. Pero cuando desbloqueamos a todos los personajes jugables y el mapa empieza a abrirse de verdad, Isoca Games deja claro que aquí había bastante más ambición de la que parecía inicialmente.
Y ahí es donde el juego gana muchísimos puntos.
Porque el sistema de intercambio instantáneo entre personajes transforma completamente tanto la exploración como el combate. Ya no se trata simplemente de pegar martillazos y avanzar hacia la derecha como un bárbaro con problemas de gestión emocional.
Ahora empiezas a pensar rutas.
Combinas habilidades.
Improvisas plataformas imposibles.
Descubres secretos escondidos usando poderes concretos.
Y acabas recorriendo zonas antiguas diciendo constantemente “ah, claro, AQUÍ era donde tenía que venir”.
Ese bucle de exploración está realmente bien construido.
Además, el mapa ayuda muchísimo. Todo queda bien señalado, podemos colocar marcadores y rara vez da sensación de estar perdido artificialmente. El juego quiere que explores, sí, pero sin convertir cada paseo en una excursión infernal de dos horas buscando una pared falsa microscópica.
Gracias por eso, sinceramente.
Los jefes opcionales vienen a recordarte que no eres tan bueno
Otro detalle muy divertido es cómo Wings of Endless esconde algunos jefes opcionales bastante salvajes.
Porque claro, durante un rato empiezas a sentirte poderoso. Subes niveles, desbloqueas habilidades, mejoras el equipo y vas repartiendo amor con el martillo como si fueras Thor después de tres cafés.
Y entonces aparece un jefe escondido en una esquina random del mapa y te convierte en puré en treinta segundos.
Maravilloso.
Estos enfrentamientos opcionales son fácilmente de lo mejor del juego porque obligan a aprovechar todas las mecánicas disponibles: esquivas, cambios de personaje, habilidades especiales y preparación previa.
Además, muchos están relativamente escondidos, así que descubrirlos genera esa sensación clásica de “uy, aquí no debería haber entrado todavía”.
Y efectivamente: probablemente no deberías.
Pero claro, uno tiene ego de jugador veterano y acaba entrando igual para salir humillado cinco minutos después.
La exploración es la verdadera reina del juego
Aunque el combate funciona bastante bien, la auténtica estrella aquí es la exploración.
Wings of Endless entiende perfectamente la satisfacción que produce descubrir caminos ocultos, volver a zonas antiguas con nuevas habilidades y encontrar secretos que antes parecían imposibles de alcanzar.
Y el juego constantemente recompensa la curiosidad.
Siempre hay un cofre escondido.
Un camino alternativo.
Una mejora importante.
O directamente un enemigo dispuesto a partirte la cara por cotilla.
Las habilidades de movilidad están especialmente bien aprovechadas. El doble salto, el dash aéreo, la invisibilidad de Diana o los poderes elementales de Makoto convierten muchas secciones en pequeños desafíos de precisión y creatividad bastante entretenidos.
No llega al nivel enfermizo de algunos metroidvania modernos obsesionados con convertir cada salto en una tesis doctoral sobre física cuántica, pero sí encuentra un equilibrio muy agradable entre accesibilidad y profundidad.
Y eso hace que avanzar por el mundo sea constantemente divertido.

El gran enemigo del juego: algunos problemas técnicos bastante puñeteros
Ahora bien, toca hablar de la parte menos bonita.
Porque aunque Wings of Endless tiene muchísimo encanto, también arrastra varios problemas técnicos que empañan ligeramente la experiencia.
En mi partida sufrí algunos crasheos bastante feos que directamente cerraban el juego sin previo aviso. También hubo algún atasco extraño del personaje en escenarios y ciertas inconsistencias en las colisiones que provocan momentos algo frustrantes.
Especialmente durante plataformas o combates rápidos.
Nada absolutamente catastrófico, ojo.
Pero sí son detalles que terminan notándose más en un juego donde la movilidad tiene tanto peso. Cuando una caída parece culpa del juego y no tuya, el mando empieza a mirarte raro desde la mesa.
Por suerte, los puntos de control suelen estar bien colocados y el ritmo general consigue compensar bastante estos tropiezos.
Pero estaría genial ver algunos parches puliendo estos aspectos porque el potencial está clarísimo.
Un indie humilde… pero con muchísimo corazón
Lo bonito de Wings of Endless es que se nota constantemente que detrás hay un equipo pequeño intentando hacer algo grande.
No tiene el presupuesto monstruoso de otros referentes del género.
No busca reinventar la rueda.
Pero sí entiende perfectamente qué hace divertidos a los grandes clásicos de acción 2D y consigue trasladar esa sensación con muchísimo cariño.
Hay amor por el género en cada rincón.
En cómo están diseñados los mapas.
En los pequeños secretos.
En la progresión constante.
En la manera en la que el mundo se abre poco a poco.
Y sobre todo en cómo consigue mantener siempre esa sensación de aventura ligera, divertida y muy videojueguil.
De las de antes.
De las que te hacen decir “va, una zona más” hasta darte cuenta de que son las tres de la mañana y llevas veinte minutos peleándote con un jefe opcional porque tu orgullo no te deja apagar el PC.
El apartado artístico tiene muchísimo carisma
Visualmente, el juego sigue creciendo conforme avanzamos.
Los biomas son variados, los personajes tienen muchísimo encanto y el pixel art consigue encontrar un equilibrio muy bueno entre nostalgia y personalidad propia. No intenta copiar descaradamente a nadie aunque las influencias sean evidentes.
Además, las animaciones durante el combate tienen bastante fuerza y algunos efectos mágicos lucen realmente bien. Puede parecer un detalle menor, pero en juegos tan centrados en movilidad y acción esto marca muchísima diferencia.
Y luego está el diseño de personajes.
Hariku tiene esa energía de protagonista cabezota adorable. Owly roba escenas constantemente. Y el resto del grupo consigue caer bien rápidamente gracias a diálogos bastante naturales y mucho humor ligero.
No estamos ante una obra maestra narrativa.
Pero tampoco hace falta.
Porque el juego sabe perfectamente cuándo ponerse serio y cuándo simplemente dejarte disfrutar de la aventura sin complicarse demasiado la vida.

Ojo a la edición física de PS5 gracias a Tesura Games
Y aquí hay una noticia importante para quienes todavía disfrutan coleccionando juegos físicos como auténticos degenerados del formato físico (entre los cuales me incluyo orgullosamente).
Wings of Endless llega el 29 de mayo en edición física para PlayStation 5 gracias a Tesura Games. Y lo tenéis aquí
Y sinceramente, es exactamente el tipo de indie que merece tener cajita en la estantería. De esos juegos que quizá no tengan el marketing gigante de otros lanzamientos, pero terminan convirtiéndose en pequeñas joyas para quienes aman las aventuras 2D clásicas.

Conclusiones
Wings of Endless no viene a revolucionar el género ni a destronar a los gigantes del metroidvania moderno. Lo que hace es algo muchísimo más honesto: ofrecer una aventura divertidísima, llena de personalidad y con un corazón enorme.
Tiene problemas técnicos.
El balance de dificultad a veces parece decidido lanzando dados.
Y algunos picos raros de dificultad pueden desesperar un poco.
Pero cuando el combate, las plataformas y la exploración empiezan a encajar, cuesta muchísimo dejar de jugar.
Isoca Games demuestra además una comprensión excelente de lo que hacía especiales a los clásicos de acción 2D. Aquí hay exploración real, progresión constante y un ritmo muy difícil de abandonar una vez entras en él.
Puede que no sea perfecto.
Pero sí es uno de esos juegos con alma.
Y a veces eso vale más que cualquier presupuesto millonario.
Lo mejor
- Exploración muy divertida y bien diseñada.
- Gran combinación de personajes y habilidades.
- Pixel art con muchísimo encanto.
- Combate ágil y satisfactorio.
- El espíritu clásico está perfectamente capturado.
Lo peor
- Algunos problemas técnicos y crasheos.
- Balance de dificultad algo irregular.
- Ciertas colisiones pueden frustrar.
- Algunas zonas se vuelven demasiado fáciles al avanzar.
Ficha del análisis
Desarrollador: Isoca Games
Editor: JanduSoft
Distribución física PS5: Tesura Games
Plataformas: PC, PlayStation 5, Xbox Series X/S y Nintendo Switch
Versión analizada: PC
Género: Action RPG / Metroidvania
Duración aproximada: 15-20 horas
Textos: Español
Nota final
8,2/10
*Este análisis ha sido posible gracias a una clave de PC cedida por Tesura Games
