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Hablar de R-Type es hablar de uno de los pilares sagrados de los shoot ‘em ups. Durante décadas, la mítica saga de Irem se ganó a pulso su reputación en los salones recreativos a base de reflejos inhumanos, jefes finales con pesadillas biomecánicas y una dificultad que provocaba úlceras. Sin embargo, en el ya lejano 2007, la franquicia decidió dar un volantazo de lo más loco y peligroso: cambiar la acción frenética de esquivar balas por un RPG de estrategia por turnos sesudo, lento y despiadado. El invento funcionó tan bien que engendró una secuela en 2009, R-Type Tactics II: Operation Bitter Chocolate, aunque por desgracia se quedó atrapada en las fronteras de Japón. Hasta ahora.

El estudio Granzella (formado por veteranos de la propia Irem) se ha aliado con NIS America en este mes de junio de 2026 para lanzar R-Type Tactics I • II Cosmos. Estamos ante un paquete masivo que remasteriza ambas entregas bajo el motor Unreal, añade nuevos encuentros y, para rematar la jugada, incluye un epílogo inédito de doce niveles que se desbloquea al terminar la secuela. Hablamos de un pozo de horas monumental que fácilmente os va a exigir unas 80 horas de vuestra vida si os atrevéis a completarlo todo. Pero ojo, ya os advertimos que este viaje espacial no es un paseo de rosas; es una experiencia fascinante pero sumamente exigente, con un aroma a la vieja escuela que no tiene ninguna intención de llevaros de la mano.

Una trama espacial que abraza la oscuridad y la guerra civil

Uno de los grandes aciertos de esta colección es cómo consigue que el trasfondo argumental se sienta verdaderamente relevante para lo que haces con el ratón en el campo de batalla. En los juegos de disparos originales era fácil ignorar que algo muy turbio pasaba entre bambalinas mientras esquivabas proyectiles, pero aquí la narrativa te atrapa por las malas. En la campaña del primer título tomamos el mando del Cuerpo Espacial Terrestre en una cruzada desesperada para erradicar al Imperio Bydo, una armada alienígena biomecánica que evoluciona devorando todo a su paso. Sin embargo, R-Type tactics rompe los esquemas tradicionales a mitad de la función: la perspectiva cambia por completo y te obliga a ponerte en la piel de los propios Bydo, librando una cruenta guerra de exterminio contra los humanos.

La secuela va un paso más allá en cuanto a madurez y ambición política. Olvidaos del típico cliché de «humanos buenos contra alienígenas malos». Aquí la trama introduce el faccionalismo y desata una brutal guerra civil dentro de nuestra propia especie. Nos moveremos en un conflicto a tres bandas entre las Fuerzas Armadas Aliadas de la Tierra y el Ejército Revolucionario de Granzella, una facción rebelde que lucha por su independencia y que no tiene ningún escrúpulo en utilizar la terrorífica tecnología Bydo como arma de destrucción masiva. Con ramificaciones en la historia, decisiones morales cambiantes y sesiones informativas que alteran el rumbo de la campaña, R-Type tactics ofrece un golpe emocional y narrativo que, si bien no llega al nivel cinematográfico de un Fire Emblem, resulta sumamente conmovedor y oscuro.

El ADN de las recreativas atrapado en una cuadrícula

Donde R-Type Tactics I • II Cosmos se desmarca por completo de cualquier otro RPG táctico del mercado es en su jugabilidad. En lugar de la clásica perspectiva aérea a la que nos tienen acostumbrados los juegos de estrategia, aquí la cuadrícula se dispone de forma lateral, emulando la pantalla de un scroll horizontal clásico pero congelado en el tiempo. Y no se trata solo de un capricho estético; las reglas de los shoot ‘em ups se aplican a rajatabla en los turnos.

Para empezar, toda tu flota avanza obligatoriamente de izquierda a derecha, manteniendo las unidades una orientación fija en el escenario. Esto añade una capa táctica demencial: tus naves solo pueden ejecutar sus devastadores disparos cargados (el mítico Cañón de Ondas) hacia el flanco derecho, mientras que los enemigos harán lo propio hacia la izquierda. Los ataques tienen dinámicas muy específicas herederas del arcade; algunos proyectiles cubren un rango cónico, otros trazan parábolas para esquivar obstáculos y los rayos láser perforan por completo la primera línea enemiga para reventar a las naves de apoyo que se esconden detrás del objetivo principal.

El homenaje definitivo a la saga se lo llevan las unidades Force (Fuerza). En los arcades eran esos módulos orbitales invencibles que usábamos de escudo, pero aquí se han transformado en unidades independientes que debemos gestionar con cabeza, ya que aquí sí pueden ser destruidas. Controlar una Force de forma autónoma es viable, aunque se mueven despacio y pegan flojo de inicio. La verdadera gracia consiste en gastar un turno para acoplarlas directamente a la parte delantera o trasera de nuestros cazas. Al hacerlo, no solo proteges el casco de tu nave, sino que desbloqueas configuraciones de ataque láser brutales para el siguiente turno. Es una auténtica danza estratégica de posicionamiento que clava el ritmo de las recreativas: calcular al milímetro cuándo avanzar, cuándo replegarse o cuándo desatar un ataque masivo antes de que el rival te lo anule.

Asteroide a la vista: Logística, minería y el peligro del Bydogen

Si pensabais que la única complicación de este tablero galáctico iba a ser apuntar vuestros cañones láser en la dirección correcta, id preparando las calculadoras. Granzella no se ha cortado un pelo a la hora de mantener intacta la densa capa de gestión económica del R-Type tactics original. Aquí no sirve de nada lanzar naves al frente de batalla de forma alocada; cada movimiento exige una planificación logística brutal. Nos toca gestionar de forma milimétrica tres tipos de recursos diferentes, controlar las barras de combustible de los cazas para que no se queden flotando a la deriva en mitad del vacío y vigilar la munición para no quedarnos compuestos y sin disparar en el momento más inoportuno.

Para mantener la maquinaria de guerra engrasada, las misiones nos obligarán constantemente a desplegar bases móviles y establecer puestos de suministro avanzados en pleno territorio hostil. Os veréis obligados a desviar efectivos para extraer minerales valiosos de los asteroides del escenario o para capturar instalaciones estratégicas a mitad de fase. Y aquí es donde el juego os plantea un dilema moral y táctico maravilloso: el uso del Bydogen. Este recurso alienígena es la fruta prohibida del juego; utilizarlo os da acceso inmediato a los diseños de naves más devastadores y avanzados de la flota, pero el propio guion nunca os dejará olvidar que coquetear con el ADN biomecánico del enemigo tiene un precio muy alto que acabará pasando factura al destino de vuestra tripulación.

El gran problema de este sistema de progresión es que R-Type Tactics es ridículamente opaco. Debido a que los menús apenas ofrecen orientación ni explicaciones claras, es dolorosamente fácil acabar malgastando vuestros materiales más raros mejorando naves que no sirven para nada o completando ramas de un árbol tecnológico que resulta ser un callejón sin salida. Es un diseño heredado de una época más implacable y puñetera, donde el ensayo y error era el rey. Equivocarse en la base de operaciones significa tener que reiniciar misiones enteras porque tu flota se ha quedado obsoleta frente al enemigo, lo que puede llegar a resultar frustrante y tedioso a medida que las batallas se alargan.

Niebla de guerra, cuellos de botella y el factor «Roguelite»

Los escenarios de R-Type Tactics I • II Cosmos son auténticos campos de minas tácticos. El terreno no está ahí solo de adorno; condiciona cada turno de forma radical. Os vais a topar con mapas sumergidos en agua que reducen drásticamente la movilidad de vuestros cazas, zonas cubiertas por una densa niebla de guerra que os obligará a avanzar a ciegas enviando naves sonda por delante, e incluso niveles con un diseño completamente vertical que destrozan vuestras tácticas habituales al volver completamente inútiles los disparos cargados del Cañón de Ondas. Por si fuera poco, el espacio está plagado de anomalías espaciales letales, como los Agujeros Negros, que engullirán sin miramientos a cualquier unidad que se sitúe a su alcance.

La gestión del espacio físico en la cuadrícula es otro dolor de cabeza. Las naves más grandes, como los cruceros o los acorazados de ataque múltiple, ocupan un montón de casillas y tienen formas geométricas de lo más extrañas. Mover estas moles por pasillos estrechos es una pesadilla de tráfico espacial que puede crear cuellos de botella letales, exponiendo a toda vuestra flota a un único ataque lineal del rival. Para solucionar esto, R-Type Tactics introduce mecánicas avanzadas como las naves con capacidad de fase o desincronización, capaces de atravesar paredes sólidas para flanquear al enemigo. Eso sí, utilizadlas con cabeza, porque activar el modo fantasma devora el combustible a una velocidad de vértigo.

Afortunadamente, R-Type afloja un poco la soga gracias a ciertos elementos roguelite. Perder una batalla no significa que hayas tirado el tiempo a la basura; aunque te revienten la flota y fracases en los estrictos límites de turnos de la misión, conservarás todos los recursos que hayas logrado extraer durante la sesión para poder reinvertirlos en tu base. Además, tus comandantes derrotados van acumulando experiencia muy lentamente tras cada intento, arañando pequeñas mejoras permanentes en sus estadísticas de salud y evasión para que la siguiente intentona sea un poco más llevadera.

Espectáculo visual en Unreal contra una usabilidad prehistórica

El salto técnico que Granzella le ha metido a la colección es evidente desde el primer segundo. El juego luce francamente espectacular gracias al rediseño bajo motores modernos. El sombreado de los chasis de las naves, los efectos dimensionales del espacio, el colorido nítido y el modelado biomecánico de los gigantescos jefes Bydo entran directamente por los ojos. Especial mención se llevan las viñetas cinematográficas en 3D que se reproducen cada vez que una unidad abre fuego contra otra. Aunque tras llevar veinte horas de juego lo más probable es que acabéis desactivándolas en el menú para agilizar los combates, hay que reconocer que aportan una inmersión y un dramatismo brutales a las refriegas. Todo ello viene redondeado por una banda sonora tensa que se adapta perfectamente al ritmo de la batalla y, por primera vez, un doblaje de voz completo para las pantallas intermedias que narra la historia.

Sin embargo, detrás de este suntuoso envoltorio gráfico se esconde una interfaz de usuario torpe que arrastra todos los vicios y la lentitud del juego original de 2007. Gestionar un ejército grande en PC con teclado y ratón acaba siendo un proceso tedioso. Incluso configurando las animaciones a la máxima velocidad permitida, el bucle de juego se siente pesado; tener que seleccionar individualmente a decenas de unidades turno tras turno para asignarles órdenes acaba pareciéndose más a rellenar una hoja de cálculo que a comandar una flota espacial. Para colmo, el juego carece por completo de un tutorial interactivo. En su lugar, te suelta un manual digital denso repleto de bloques de texto infumables, obligando al jugador a descifrar qué significan la mitad de las estadísticas a base de puro ensayo y error en el campo de batalla.

Para rematar el apartado de la interfaz en PC, hay fallos de diseño incomprensibles. El más sangrante es la visualización de las unidades que ya han actuado. En las versiones originales de consola, las naves que ya habían gastado su turno se oscurecían claramente en pantalla. Aquí el cambio visual es tan ridículamente sutil que es casi invisible, obligándote a pasar el cursor y hacer clic nave por nave para asegurarte de que no te dejas a nadie sin mover. Además, si juegas a resoluciones altas como 4K, la fatiga visual está garantizada: la opción de texto «Grande» se queda corta y se echa muchísimo de menos una escala «Extra Grande» o la posibilidad de atenuar los fondos espaciales para que los iconos de las naves destaquen con mayor contraste sobre el escenario.

Conclusión

R-Type Tactics I • II Cosmos es una carta de amor monumental dirigida a los fans más acérrimos de la estrategia táctica y del universo de Irem. Granzella y NIS América nos entregan un paquete gigantesco compuesto por dos campañas completas, un epílogo inédito de doce niveles y una traducción oficial al castellano que repara una injusticia histórica con la segunda entrega. Su propuesta jugable es rica, profunda y ofrece una reinterpretación brillante de las reglas del shoot ‘em up aplicadas a un tablero de ajedrez espacial.

Es una pena que la experiencia se vea lastrada por una interfaz de usuario tosca, una preocupante falta de explicaciones para el jugador novel y un ritmo de juego excesivamente lento y anticuada que empaña el resultado final. Si eres un fan de la vieja escuela capaz de pasar por alto menús engorrosos a cambio de una jugabilidad profunda y una ambientación de ciencia ficción oscura y conmovedora, aquí tienes un pozo de horas excepcional. Si buscas una experiencia ágil y directa, ármate de paciencia: el Imperio Bydo no perdona los errores.

Lo mejor

  • Un despliegue estratégico impecable que traslada las reglas del arcade al tablero de forma brillante.
  • Una cantidad ingente de contenido con tres campañas que superan fácilmente las 80 horas de juego.
  • El lavado de cara gráfico, los modelados en 3D de los jefes y una banda sonora muy inmersiva.
  • Tener por fin la secuela traducida de forma oficial.

Lo peor

  • La interfaz de usuario es tosca, prehistórica y lenta a la hora de gestionar grandes ejércitos.
  • Ausencia total de un tutorial interactivo; el juego te obliga a leer manuales densos.
  • Errores de visibilidad molestos, como la dificultad para distinguir qué unidades ya han gastado su turno.
  • La historia, aunque mejora en la secuela con los dilemas políticos, sigue siendo bastante minimalista.

Ficha técnica

  • Desarrollador: Granzella
  • Editor: NIS América / Granzella
  • Plataformas: PC (Versión analizada), PS4, PS5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch

Nota Final

7.9/10

*Este análisis de R-Type Tactics I & II Cosmos, ha sido posible gracias a una clave de PC facilitada por NIS America

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