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Hay que reconocer que los chilenos de ACE Team tienen una de las trayectorias más locas, imprevisibles y maravillosas de la industria del videojuego. Solo un estudio capaz de parir genialidades tan sumamente raras como Zeno Clash, Clash: Artifacts of Chaos o aquel divertidísimo Rock of Ages que nos vició en su día se atrevería a coger un relato de H.P. Lovecraft y transformarlo en un juego de supervivencia cooperativa en primera persona. Publicado por Nacon, The Mound: Omen of Cthulhu es una de esas propuestas que entran por los ojos gracias a su asfixiante atmósfera, pero que te atrapan por completo en cuanto te das cuenta de que el verdadero peligro en la selva no son los monstruos, sino la desconfianza que empieza a brotar en tu propio grupo de Discord.

Bueno, de hecho, si juegas a esto, lo primero que tienes que hacer es apagar Discord. Pero no nos adelantemos. Prepara el machete, el repelente de mosquitos gigantes y vigila tu salud mental, porque nos adentramos en una de las expediciones más delirantes y asfixiantes del año en PC.

De Oklahoma a la selva de Chile: Fiebre del oro y horror cósmico

La premisa del juego se basa libremente en la novela corta The Mound (El montículo) de Lovecraft, pero con un cambio de localización brillante. Olvidaos de las llanuras americanas de Oklahoma; aquí la acción se traslada a la impenetrable, húmeda y asfixiante selva de Chile en pleno año 1652. Nosotros encarnamos a un grupo de mercenarios y exploradores del siglo XVI que, a bordo de un imponente galeón que sirve como nexo y base de operaciones, aceptan contratos para saquear reliquias, buscar supervivientes y acumular riquezas en tierra firme.

El objetivo principal de cada run es codicioso y directo: internarse en la maleza, trincar todo el oro, fauna, flora e ídolos malditos que quepan en nuestras manos, y escoltar un carro de vuelta a la zona de extracción para cobrar la recompensa. No busquéis aquí una narrativa densa con cinemáticas hollywoodienses o giros de guion que os vuelen la cabeza. El trasfondo argumental es una mera —aunque efectiva— excusa para justificar por qué cuatro desgraciados deciden bajarse de un barco para meterse en la boca del lobo.

La verdadera historia de The Mound la escribes tú con tus amigos en cada partida. Es una narrativa emergente que nace del puro pánico, de las malas decisiones y de las risas nerviosas cuando la expedición empieza a torcerse.

Cuando la cordura se va a por tabaco

Donde este título destaca y se desmarca por completo de la inmensa marea de juegos de extracción cooperativos es en su soberbio sistema de cordura. ACE Team ha logrado plasmar el horror cósmico y la pérdida de la razón directamente en las mecánicas de The Mound, y el resultado es sencillamente magistral.

A medida que pasas tiempo en la selva o te enfrentas a los horrores que la custodian, tu nivel de cordura empieza a caer en picado. Y aquí la locura no se limita a ponerte la pantalla borrosa o a meterte un filtro de color raro. The Mound empieza a sabotear de forma activa tu percepción y la de tus compañeros de forma asimétrica e impredecible.

De repente, puedes encontrar en el suelo un poderosísimo e imponente arcabuz de chispa, equipártelo todo feliz y empezar a disparar a los enemigos, mientras tus compañeros de equipo te miran con cara de pena porque lo que sostienes en tus manos es, en realidad, una simple rama del suelo. Puedes empezar a ver zombis terroríficos corriendo hacia ti y liarte a machetazos para defenderte, dándote cuenta demasiado tarde de que le has rebanado media barra de vida a tu mejor amigo porque tu mente te hizo ver un monstruo donde solo había un aliado. Estatuas que te miran, ruidos inexistentes, apariciones de pesadilla… la paranoia se apodera de la partida de una forma tan orgánica y divertida que es imposible no soltar una carcajada nerviosa en mitad del caos.

Sables, mosquetes y la importancia de silbar en la oscuridad

A nivel jugable, cada partida es un ejercicio constante de supervivencia y gestión de recursos extremadamente escasos. Al iniciar un contrato, el juego nos otorga un equipo básico que se debe repartir equitativamente entre los exploradores. Como no hay recursos para que todo el mundo vaya armado hasta los dientes, toca especializarse: uno llevará la linterna para guiar al grupo en la densa niebla, otro cargará con el mosquete de largo alcance o el sigiloso arco, y los demás se equiparán con sables, rapiers o hachas para el cuerpo a cuerpo.

El combate es crudo y directo. Los enemigos —que van desde zombis lentos pero implacables hasta aberraciones alienígenas grotescas pueden ser despachados rápidamente si les cortamos las extremidades o la cabeza. De hecho, el sigilo es una opción superviable: acercarte por la espalda a un enemigo para ejecutarlo de un golpe os ahorrará disgustos, munición y, lo más importante, ruido. Pegar un tiro con un arma de fuego puede parecer una gran idea para salvar a un compañero, pero el estallido puede alertar a lo que sea que haya en la selva y que arruinará la expedición en un abrir y cerrar de ojos.

Además, las mecánicas de muerte son de lo más tensas. Si un compañero cae herido, tenemos la oportunidad de recoger su cuerpo a hombros y llevarlo corriendo hasta el carro de extracción para revivirlo. Pero cuidado: si tardamos demasiado o nos distraemos saqueando reliquias, el cadáver de nuestro amigo se levantará de forma autónoma convertido en un monstruo hostil que intentará devorarnos. Sí, tendrás que matar a tu propio colega mutado para recuperar su cuerpo, llevarlo al barco y poder revivirlo de verdad para la próxima misión. Puro humor negro al estilo ACE Team.

El chat de proximidad: La herramienta definitiva del terror

Si hay una mecánica que eleva a The Mound: Omen of Cthulhu de ser un juego cooperativo simpático a una obra maestra de la tensión situacional, es su sistema de audio. La recomendación que os hacemos desde la redacción de Vandal es taxativa y obligatoria: olvidaos por completo de Discord o Skype y utilizad únicamente el chat de voz integrado del juego.

El título implementa un sistema de audio por proximidad 3D impecable. Si te separas de tus compañeros para buscar un ídolo maldito entre la maleza, sus voces se irán apagando de forma realista hasta que solo escuches el silbido del viento y el crujir de las ramas. Si un monstruo los atrapa y los mata, el canal de voz de ese jugador se corta al instante, dejándote en un silencio sepulcral y terrible, obligándote a deducir si tus amigos siguen vivos o si ya forman parte de la horda de no-muertos.

Para intentar localizarse en la asfixiante niebla, los desarrolladores han incluido mecánicas tan sencillas como un botón para silbar o llamar al carro. Separarte unos metros, perder el contacto acústico, oír un grito lejano que se apaga y empezar a silbar desesperadamente en la oscuridad mientras rezas para que lo que te responda sea un aliado y no una abominación alienígena es una de las experiencias más inmersivas y espeluznantes que hemos vivido en un cooperativo en años.

Extraterrestres botánicos y el «más de lo mismo»

A lo largo de nuestras horas de expediciones, la selva nos ha deparado sorpresas de lo más delirantes. Además de los zombis, ahogados, ciempiés gigantes y otras aberraciones del imaginario de Lovecraft, el juego introduce unos extraños seres de aspecto alienígena que patrullan el escenario. No hay tutoriales que te expliquen qué hacen; tienes que aprender a base de palos.

Sin embargo, el juego no es perfecto y su mayor enemigo es la repetición a medio plazo. A pesar de contar con escenarios variados (playas, junglas densas, fuertes abandonados e incluso dimensiones oníricas), el bucle jugable se vuelve muy plano tras unas cuantas partidas. La progresión a bordo del barco es un tanto escueta, limitándose a pequeñas mejoras de daño, salud o eficacia de las raciones de curación. Tras encadenar tres o cuatro expediciones seguidas, la sensación de estar haciendo «más de lo mismo» (bajar de la nave, saquear reliquias, empujar el carro y volver al galeón) es inevitable, lo que lo convierte en un título excelente para jugar en sesiones cortas con amigos, pero no para pegarse maratones de decenas de horas.

Además, el control tiene ciertas asperezas. El combate cuerpo a cuerpo contra enemigos que reptan por el suelo peca de impreciso al registrar los impactos, la gestión del inventario (con solo 6 ranuras de acceso rápido no reorganizables) obliga a demasiados viajes de ida y vuelta al carro, y las escaleras de mano del escenario tienen una alarmante tendencia a bugearse, dejándote vendido ante los enemigos.

Un rendimiento de ensueño en PC con Unreal Engine

En el apartado técnico, The Mound: Omen of Cthulhu rinde de forma sobresaliente en ordenadores. No busca competir por ser el juego con más músculo gráfico de la generación, pero el mimo puesto en la iluminación dinámica, la densa niebla volumétrica y la representación de la vegetación chilena a través de Unreal Engine entra directamente por los ojos.

Nuestra única recomendación es desactivar o moderar desde el menú de opciones efectos como el desenfoque de movimiento (motion blur), el Bloom y el temblor de cámara, que de serie vienen bastante exagerados y pueden enturbiar la visibilidad en los momentos de más acción.

Conclusiones: Una original inmersión en la locura de Cthulhu

The Mound: Omen of Cthulhu es una de las sorpresas cooperativas más frescas, tensas y divertidas de 2026. ACE Team ha sabido esquivar los clichés habituales de la supervivencia para centrarse en lo que realmente hace grande al horror cósmico: la paranoia, el aislamiento y la desconfianza mutua.

Es cierto que tiene asperezas técnicas por pulir en sus combates cuerpo a cuerpo, que el inventario es incómodo y que la falta de una progresión profunda puede cansar si se abusa de él. Pero si buscas una experiencia cooperativa diferente para disfrutar con tu grupo de amigos habitual, que no te sature con mecánicas complejas de crafteo y que te garantice risas y sustos a partes iguales por un precio sumamente competitivo de 29,99€, esta expedición a la selva chilena es una compra totalmente recomendada.

Lo mejor

  • El brillante sistema de locura asimétrica, que sabotea de forma divertidísima lo que cada jugador ve.
  • El chat de proximidad integrado, que genera una inmersión y una tensión sencillamente magistrales.
  • Una dirección artística y atmósfera soberbias que plasman el horror de Lovecraft de forma sobresaliente.
  • Un rendimiento en PC impecable y muy bien optimizado.
  • Su ajustado precio de lanzamiento (29,99€).

Lo peor

  • El bucle de juego se vuelve repetitivo y plano tras unas pocas partidas.
  • La historia es muy superficial y sirve de mero trámite decorativo.
  • Pequeños problemas de control: el combate contra enemigos reptantes es tosco y las escaleras se bugean a menudo.
  • La gestión del inventario es tosca y poco ágil.

Ficha técnica

  • Título: The Mound: Omen of Cthulhu
  • Desarrollador: ACE Team
  • Editor: Nacon
  • Plataformas: PC (versión analizada), PS5, Xbox Series X/S
  • Género: Acción y aventura / Supervivencia cooperativa / Terror
  • Precio: 29,99€ (edición digital en PC)

Nota final

7.5/10

*Este análisis de The Mound: Omen of Cthulhu para PC ha sido posible gracias a una clave facilitada por MKTR Agency

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