Si hay dos géneros que están más masificados en Steam que los juegos de supervivencia con zombis, esos son la estrategia por turnos y los roguelite deckbuilders (los creadores de mazos de cartas para los amigos) y es que desde que Sly the Spire creara este género no han sido pocos los que se han apuntado. Juntar ambos conceptos es una fantasía húmeda para cualquier amante de romper de un plumazo el equilibrio del juego mediante sinergias locas. El estudio alemán ByteRockers’ Games a quienes recordaréis por ponernos a dar mamporros al ritmo de la música en Beat Slayer se ha lanzado de cabeza a esta piscina con Solnox: Grimoire of Seasons.
Con un precio de lanzamiento de lo más satánico (6,66euros), este título oscuro para PC nos promete una interesantísima mezcla entre un juego de tablero táctico y el coleccionismo de cartas. Pero, ¿consigue mantener el tipo una vez que las cartas están sobre la mesa o se queda a medio gas como un farol de póker? Agarren sus grimorios, que nos metemos de lleno en esta odisea estacional.
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El tablero de las estaciones: Aquí hemos venido a movernos
Nada más arrancar la primera partida, Solnox te deja claro que no es el típico juego de cartas en el que te limitas a mirar de frente al enemigo mientras le tiras hechizos a la cara. Aquí las batallas se libran en un campo de juego dividido en casillas hexagonales que entra directamente por los ojos de cualquier amante de los juegos de mesa. Y es precisamente en esta aproximación táctica donde el título de ByteRockers’ Games brilla con luz propia, ofreciendo una libertad de movimiento que ya quisieran para sí otros pesos pesados del género.
En Solnox, tus cartas (aquí llamadas «runas») no solo sirven para pegar espadazos o lanzar conjuros; también son tu único motor de movimiento. Tienes runas específicas que te permiten desplazarte un número concreto de hexágonos por el tablero. Esto transforma por completo el ritmo de las partidas: puedes jugar tus cartas de movimiento para acercarte a un enemigo, soltarle un combo de daño en la mismísima cara y, acto seguido, gastar otra runa para ponerte a cubierto o alejarte fuera de su rango de alcance antes de pasar el turno. Es un toma y daca constante, un baile táctico divertidísimo que te obliga a calcular al milímetro cada paso para no quedarte vendido en mitad del mapa.
A esta receta tan sólida se le añade el gran girito del juego: el sistema de estaciones. El Grimorio que da nombre al título no es decoración; cada ronda que pasa en el combate, la estación del año cambia, y con ella las reglas del juego. El invierno potenciará de forma salvaje la eficacia de tus runas de bloqueo y defensa, mientras que la primavera le meterá un subidón de esteroides a tus ataques físicos.
Por si fuera poco, a lo largo de la partida desbloqueas runas capaces de alterar el clima de las casillas que te rodean, permitiéndote crear zonas estratégicas perfectas. El juego te obliga a planificar tus turnos no solo pensando en la mano de cartas que tienes, sino en el tiempo meteorológico del tablero. Cuando por fin logras entender cómo encajan estas piezas y cómo usar el clima a tu favor, el bucle jugable se vuelve sumamente adictivo.

Varios héroes y un destino (repleto de escudos)
Para enfrentarnos a los peligros de este oscuro universo, el juego nos propone 6 personajes diferentes, aunque 5 de ellos están bajo llave al principio y nos tocará sudar sangre para desbloquearlos. Cada uno de estos héroes cuenta con su propio set exclusivo de runas de habilidad, lo que cambia radicalmente la forma de afrontar las runs. Tendremos clases tan singulares como el Lancero.
El primero en la frente es el Paladín, el prototipo de tanque de manual y el mejor amigo de los que preferimos jugar sobre seguro. Con él, la estrategia se basa en acumular runas de escudo para absorber toneladas de daño mientras buscas la ventana de oportunidad perfecta para contraatacar. En el lado opuesto del espectro tenemos al Pícaro, un personaje que no sabe lo que es un escudo ni por asomo, pero que compensa esa falta de defensa con un porrón de runas de movimiento y ataques rápidos para golpear desde las sombras. Esta marcada diferenciación entre personajes hace que probar nuevas runs se sienta fresco.

Como buen deckbuilder, la progresión a lo largo de los caminos ramificados del mapa consiste en refinar tu mazo. En los encuentros podrás añadir nuevas runas o, de forma vital, eliminar aquellas que te estén estorbando para limpiar tu mazo de paja. En una de nuestras mejores partidas con el Cruzado, decidimos mandar a paseo la magia de largo alcance (adiós, bola de fuego) para centrar el mazo en acumular escudos. La jugada maestra llegó cuando conseguimos una carta que infligía un daño equivalente al nivel de bloqueo acumulado. Convertirnos en una muralla con patas que reventaba enemigos de un solo escudo fue un momento glorioso de esos que te hacen esbozar una sonrisa de villano.
Sin embargo, no todo es de color de rosa en la selva de hexágonos de Solnox. A medida que avanzas y la corrupción de los enemigos más poderosos empieza a pudrir el terreno, llegando al punto de bloquearte el uso de tus cartas situadas más a la izquierda de la mano, empiezas a notar que el envoltorio del juego no está a la altura de sus estupendas mecánicas.

Cuando los escenarios y los enemigos se visten de gris
A pesar de que el núcleo jugable y la idea de cambiar las estaciones en el tablero es fantástica, el juego empieza a desinflarse en cuanto echas la vista al frente. El mayor problema de Solnox es su diseño de niveles. El mapa de juego es plano en todos los sentidos imaginables. Al ver los dioramas en el PC, uno ve piedras, árboles, ruinas y objetos que, en cualquier juego de estrategia que se precie, deberían servir como coberturas ambientales para protegerse de los proyectiles enemigos. Pues bien, aquí no sirven para absolutamente nada más que para estorbar el paso. No hay coberturas.
Esto provoca situaciones sumamente frustrantes y anticlimáticas. Imaginaos la escena: estáis persiguiendo a un arquero que se ha quedado a un píxel de vida, pero el bicho se dedica a dar vueltas alrededor de una roca fuera de vuestro alcance mientras os acribilla a flechas hasta mataros sin que podáis hacer nada táctico para evitarlo.
El diseño de los enemigos tampoco ayuda a levantar el conjunto. Casi todos los monstruos sufren del síndrome del «más de lo mismo»: comparten paleta de colores, estéticas grisáceas muy similares y patrones de ataque bastante planos. Incluso los jefes finales de zona, que deberían ser los momentos cumbre de la run, se sienten decepcionantes; no dejan de ser versiones agrandadas de los mismos masillas que llevas machacando las últimas dos horas, solo que con una barra de vida más gorda. Teniendo en cuenta el excelente mimo que puso ByteRockers’ Games en los niveles de Beat Slayer, este bajón en la variedad de Solnox nos ha dejado un sabor de boca bastante agridulce.

El silencio del grimorio y la puesta a punto en compatibles
En lo que respecta al envoltorio audiovisual, la de cal y la de arena. Las cinemáticas del juego cuentan con ilustraciones fantásticas, con un estilo artístico oscuro muy marcado que entra por los ojos y encaja de maravilla con ese tono gamberro y esotérico de la propuesta. Sin embargo, en cuanto los personajes abren la boca, nos encontramos con un silencio sepulcral. El juego carece por completo de doblaje de voz, limitándose a mostrar textos en pantalla. Tras haber disfrutado del excelente trabajo de voces de su anterior obra, que no haya ni una sola línea hablada en Solnox se nota demasiado y rompe un poco la inmersión de cuento oscuro.
Por suerte, en el apartado técnico para PC la optimización cumple con creces. Al ser un juego de tablero con gráficos estilizados y sin grandes cargas de físicas o explosiones hiperrealistas, el juego funciona con una suavidad pasmosa. En un PC de gama media estándar, el título mantiene los 60 fotogramas por segundo a resolución 4K sin inmutarse lo más mínimo, con tiempos de carga instantáneos. El control con el ratón para arrastrar las runas de la mano hacia las casillas hexagonales responde al milímetro, siendo la plataforma ideal para disfrutarlo sin sufrir con los sticks de un mando.

Conclusiones: Buenas ideas que pedían más mimo
Solnox: Grimoire of Seasons es un juego que da rabia porque sus cimientos son divertidísimos. La mezcla de cartas con movimiento por hexágonos y el dinamismo que aportan las estaciones del año es una genialidad sobre el papel y funciona de maravilla durante las primeras horas de juego.
Es una pena que el envoltorio no esté a la altura de sus mecánicas. La falta de coberturas en los mapas, la alarmante repetitividad estética de los enemigos y jefes, junto con la ausencia de voces, hacen que la experiencia se vuelva monótona a medio plazo. Aun así, por su competitivo precio de 6,66€, si eres un devorador insaciable de roguelite deckbuilders y buscas una vuelta de tuerca táctica que te obligue a pensar con el calendario en la mano, esta propuesta te dará unas cuantas tardes de vicio y paranoias estacionales en tu PC.
Lo mejor
- El sistema de estaciones del año, que cambia las reglas del combate en cada ronda de forma brillante.
- La enorme libertad táctica que ofrece el uso de cartas para moverse por los hexágonos.
- La clara diferenciación de estilos de juego entre el Cruzado y el Pícaro.
- Su precio de lanzamiento (6,66€), ideal para los bolsillos más ajustados.
- Rendimiento impecable y muy fluido en PC.
Lo peor
- El diseño de niveles es plano y los objetos del escenario no ofrecen cobertura.
- Los enemigos y los jefes finales son clónicos y muy poco variados.
- Falta total de voces, lo que desluce las fantásticas ilustraciones de las cinemáticas.
- Se vuelve repetitivo y predecible tras unas cuantas runs.
Ficha técnica
- Título: Solnox: Grimoire of Seasons
- Desarrollador: ByteRockers’ Games
- Editor: ByteRockers’ Games
- Plataformas: PC (versión analizada a través de Steam)
- Género: Estrategia por turnos / Roguelite Deckbuilder / Fantasía oscura
- Precio: 6,66€
Nota final
7.0/10
