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Parece que hoy en día, si un título incluye un salto doble, pocos toques y cuatro similitudes más, automáticamente le colocamos el cartelito de heredero de Hollow Knight y nos quedamos tan anchos. Pues bien, Sigil Games ha irrumpido en la escena del videojuego en PC este mes de septiembre de 2026 con Divinum, y lo primero que hay que hacer para disfrutarlo como se merece es quitarse las gafas de cartógrafo obsesivo. Este proyecto no ha venido a marearte la perdiz con trescientas vueltas sobre tus propios pasos ni a obligarte a memorizar cada pared agrietada de un mapamundi colosal. Aquí se viene a repartir estopa a ritmo vertiginoso, a encadenar mamporros en el aire y a disfrutar de una fantasía oscura tan violenta como directa.

La propuesta nos pone en la piel de Fjør, una protagonista de armas tomar que se ve envuelta de lleno en un pollo monumental con sectas religiosas, un imperio, entidades misteriosas y legiones de no muertos bichos y todo tipo de monstruos que parecen sacados de la peor de tus pesadillas. La ambientación entra por los ojos desde el minuto uno gracias a un tono sombrío muy bien tirado, donde las catacumbas profundas, los complejos subterráneos y los escenarios ruinosos transmiten ese tufo constante a peligro inminente. Sin embargo, en el apartado narrativo es donde empiezan a verse las primeras aristas del conjunto. La premisa arranca con bastante fuerza y consigue picarte la curiosidad en sus primeros compases, pero a medida que nos adentramos en las profundidades de la tierra, el guion empieza a no ser tan interesante.

Da la sensación de que el hilo argumental quiere abarcar muchísimos temas complejos sobre la fe y la corrupción pero no termina de atar todos los cauces, dejando la narrativa en un plano secundario. Afortunadamente, como el ritmo de juego no se detiene a dar chapa innecesaria y prefiere dejar que hable el acero, este trasfondo irregular no llega a lastrar la experiencia si lo que buscas es pura diversión al teclado y mando.

Danza de sangre y acero: el verdadero motor de la aventura

Donde Divinum saca auténtico pecho y demuestra que juega en la liga de los grandes es en su sistema de combate. Si la exploración es el plato entrante, las peleas son el chuletón ibérico de un kilo. Sigil Games ha creado un bucle jugable tremendamente agresivo que castiga sin piedad al jugador contemplativo o reservado. Olvídate de quedarte en una esquina esperando a que el enemigo enseñe su punto débil; aquí el juego te exige ir a buscarle las cosquillas, encimarle sin respiro y hacer uso de un abanico de herramientas de ejecución impecable.

El repertorio inicial de Fjør no se queda corto. Podemos lanzar a los monstruos por los aires para continuar el castigo con combos aéreos, ejecutar bloqueos normales y paradas perfectas que dejan vendidos a los rivales, e incluso desviar proyectiles enemigos para devolvérselos a la cara con acierto. La fluidez del control en PC es una gozada absoluta, respondiendo con una precisión milimétrica a cada orden. Toda esta orgía de golpes gana enteros cuando desbloqueamos el dash de fase, una habilidad de movilidad que cambia las reglas del juego por completo. Este desplazamiento te permite atravesar el peligro en mitad del aire, reorientarte en cualquier dirección y mantener la presión ofensiva sin tocar el suelo, haciendo que cada enfrentamiento se sienta como una coreografía destructiva salvaje.

Para rematar la jugada, el sistema premia la audacia mediante una barra que se va rellenando. Cuanto más agresivo y constante sea tu estilo de combate, mayores bonificaciones temporales recibirás, incentivándote a arriesgar en el cuerpo a cuerpo en lugar de poner tierra de por medio. Además, disponemos de habilidades activas demoledoras como Incinerar o Empalar, que consumen recursos pero ofrecen soluciones expeditivas cuando la pantalla se llena de indeseables.

El síndrome de la esponja de vida y el sistema de runas

Hasta aquí todo suena a música celestial para los amantes de la cera de la buena, pero el combate de Divinum tropieza con un bache bastante molesto en su calzada: la dureza de algunos enemigos. No hablamos de que los rivales cuenten con patrones impredecibles o ejecuten ataques fulminantes que te exijan una precisión de cirujano, sino de que sus barras de salud son auténticos pozos sin fondo. Puedes estar ejecutando una combinación perfecta de golpes aéreos, encadenando un par de habilidades activas de área y rematando con un parry de libro, para acabar descubriendo que la vida del monstruo de turno apenas ha bajado un triste diez por ciento pero no es nada que amedrante a veteranos en estas lides.

Aunque esta decisión de diseño genera un choque frontal con el ritmo vertiginoso que el propio juego promueve. Cuando un enfrentamiento contra dos masillas de patio de colegio se alarga más de la cuenta por el mero hecho de que aguantan carros y carretas, la sensación de agilidad y dinamismo se resiente sensiblemente. Un reajuste en los valores de resistencia de los enemigos habría sentado de maravilla para que el fluir de la batalla se sintiera tan gratificante al final de la pelea como lo es durante sus primeros tres segundos. Por fortuna, para mitigar este impacto contamos con un sistema de personalización a través de runas que nos permite afinar las estadísticas de Fjør a nuestro gusto, potenciando tanto el daño bruto como la eficacia de la defensa o la velocidad de recuperación.

Progresión con sentido: chatarra, fragmentos y cero ‘grindear’

A la hora de hacer evolucionar a nuestra guerrera, Sigil Games ha tomado una decisión valientísima que es digna de aplauso: mandar a tomar por saco el aburrido sistema de experiencia de los RPG tradicionales. Aquí no vas a perder ni cinco minutos de tu vida matando una y otra vez a los mismos engendros en un pasillo para subir un nivel artificial y rascar dos puntos de fuerza. La progresión en Divinum es cien por cien tangible y depende íntegramente de lo curioso que seas explorando el escenario o de tu pericia superando desafíos concretos.

A esto hay que añadirle la presencia de desafíos de combate opcionales esparcidos por el mundo subterráneo. Estas arenas de pruebas te encierran con hordas de enemigos implacables a cambio de recompensarte con runas exclusivas y habilidades inéditas. Este enfoque hace que desviarte del camino principal siempre se sienta útil, directo y libre de paja.

Un Metroidvania sin demasiado desvío: luces y sombras del mapa

Llegamos al punto de la discordia, al meollo que dividirá a la comunidad entre los que abracen la propuesta y los que arrojen el mando contra la pared. Si vienes buscando la libertad absoluta de perderte durante horas por un mapa laberíntico, Divinum te va a dar un jarro de agua fría. Aunque el juego utiliza la clásica mecánica de dejarte ver zonas inaccesibles que solo podrás alcanzar más adelante cuando consigas el salto doble o el movimiento de fase, la ruta principal es marcadamente lineal.

El diseño de niveles te lleva prácticamente de la mano por un sendero prediseñado del que apenas puedes apartarte a pequeñas habitaciones secretas. Si te atascas con un jefe especialmente huesudo o con un pico de dificultad repentino, no tienes la opción de dar media vuelta, explorar otras tres regiones distintas y volver más fuerte por otra vía. La puerta de avance es una y solo una. Esta estructura recortada beneficia sin duda a quien busque una aventura directa y sin mareos, centrada de lleno en la acción puro y duro, pero despoja al juego de esa magia tan característica del género basada en el descubrimiento desorganizado y la pérdida deliberada por el mapa.

Estética sombría en PC, luces y sombras en el apartado sonoro

En el plano puramente visual y técnico, la versión de Divinum para PC se comporta como un tiro. Sin pretender competir en la liga de los titanes hiperrealistas de tres cifras de presupuesto, la dirección artística del juego consigue suplir cualquier carencia técnica con una personalidad arrolladora. Los parajes subterráneos, los altares profanados y las catedrales derruidas lucen un acabado pixel-art y tridimensional de fantasía oscura realmente evocador. La iluminación dinámica resalta las chispas del acero en la penumbra y los efectos visuales al ejecutar un dash de fase o una habilidad incendiaria aportan un empaque estético de primer orden a cada fotograma.

El apartado acústico, por su parte, deja una sensación agridulce en los labios. Los efectos de sonido durante el combate son contundentes y viscerales: cada choque de espadas, cada bloqueo perfecto y cada rugido biomecánico de las bestias transmite un impacto rotundo que entra por los oídos. Sin embargo, la banda sonora se queda a medio gas. En un título de esta naturaleza, donde la intensidad visual y la agresividad del combate piden a gritos un acompañamiento musical memorable que se te grabe a fuego en las batallas contra los jefes finales, las composiciones pasan demasiado desapercibidas. No es que la música sea mala, sino que resulta extrañamente tímida para un conjunto que pretende pecar de épico y sombrío en todo momento.

La proeza de un autor solitario y el valor de ir al grano

Resulta casi imposible no quitarse el sombrero ante Divinum cuando descubres que detrás de todo este empaque jugable, artístico y técnico se encuentra el trabajo incansable de un solo desarrollador al frente de Sigil Games. El mérito de calibrar un sistema de combate tan sumamente divertido, dinámico y profundo con los recursos de una sola persona es algo digno de aplauso en una industria donde a menudo nos ahogamos en producciones gigantescas pero vacías de alma.

Divinum no pasará a la historia por revolucionar la fórmula del género ni por coronarse como el nuevo rey de la exploración laberíntica. Pero tampoco lo pretende. Su gran virtud reside en saber cuáles son sus puntos fuertes y explotarlos al máximo sin complejos. Es una aventura que prefiere ponerte la espada en la mano y lanzarte a la arena desde el primer minuto en lugar de aburrirte con textos interminables o mapas de un millón de kilómetros cuadrados repletos de nada.

Conclusiones

Divinum en PC es una propuesta de acción y plataformas de fantasía oscura fantástica para quienes busquen combatir sin contemplaciones. Su magistral sistema de combate, la fluidez del dash de fase y la ausencia de grindear niveles hacen que cada minuto a los mandos sea un derroche de adrenalina pura. Es cierto que su narrativa no termina de rematar lo que promete, que la salud de ciertos enemigos alarga innecesariamente algunas peleas y que su desarrollo es bastante más lineal de lo que sugiere la etiqueta de Metroidvania. Sin embargo, juzgado por lo que realmente ofrece, una experiencia directa, desafiante y con muchísimo estilo, estamos ante un título notable que engancha de principio a fin.

Lo Mejor

  • El sistema de paradas, los combos aéreos y el dash de fase ofrecen un control sobresaliente.
  • La evolución de Fjør depende de la exploración, los desafíos y las runas, descartando la subida de niveles aburrida.
  • Los entornos subterráneos y el diseño de criaturas crean una atmósfera de fantasía oscura potentísima.
  • Rendimiento fluido e impecable incluso en mitad de los combates más saturados de efectos visuales.

Lo Peor

  • Ciertas barras de salud desproporcionadas ralentizan el ritmo frenético de las peleas.
  • La exploración y el mapa ofrecen menos libertad y ramificaciones de las esperadas en un Metroidvania.
  • La música desaprovecha la oportunidad de darle un toque más épico a los momentos cumbre y jefes.

Ficha Técnica

  • Título: Divinum
  • Género: Acción / Plataformas / Fantasía Oscura
  • Desarrollador: Sigil Games
  • Editor: Sigil Games
  • Plataformas: PC

Nota Final:

8.0 / 10

Un chute de adrenalina, acero y magia oscura directo al grano. Divinum prescinde de la paja exploratoria para centrarse en lo que mejor sabe hacer: ofrecer combates adictivos, técnicos y extremadamente divertidos. Si buscas una aventura de acción ágil con sabor añejo y personalidad propia, Fjør tiene una espada reservada para ti en las catacumbas.

*Este análisis de Divinum para PC ha sido posible gracias a una clave facilitada por Keymailer.co

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