Echo de menos juegos como Earthworm Jim o Boogerman, esos juegos gamberros, sucios con animaciones increíbles y Gennady, que parece haber decidido que la mejor manera de entretenernos es meternos en un universo asqueroso que me recuerda a aquellos juegos, poniéndonos delante de un montón de criaturas repugnantes y dejar que nos abramos paso a base de puñetazos. Sin demasiadas explicaciones, sin grandes discursos y con una estética que parece salida de una pesadilla después de cenar algo en mal estado.
Desarrollado y publicado por Feed 64, Gennady es un plataformas de acción en 2D con estructura roguelike que apuesta por el humor escatológico, los escenarios grotescos y una jugabilidad construida alrededor del movimiento. Su propuesta tiene algo de aquel descaro que encontrábamos en clásicos como Earthworm Jim, aunque aquí el buen gusto se ha quedado encerrado en el baño y alguien ha perdido la llave.
La aventura nos lleva por distintos biomas generados a partir de salas prediseñadas, donde tendremos que superar trampas, obstáculos y enemigos mientras intentamos llegar al siguiente punto de control o enfrentarnos a un jefe. La exploración se combina con un sistema de combate directo, mejoras que aparecen durante las partidas y una mecánica de embestida que termina convirtiéndose en nuestra mejor aliada.
No estamos ante un juego que pretenda revolucionar el género, pero sí ante una propuesta con una identidad visual y jugable muy marcada. Gennady tiene personalidad, sabe lo que quiere ofrecer y, cuando sus piezas encajan, consigue que una derrota no sea más que otra excusa para volver a intentarlo. Eso sí, también tiene algunos problemas de equilibrio y repetición que conviene tener muy presentes antes de lanzarse de cabeza a este particular festival de porquería.
Contenidos
Una fábrica de carne y un protagonista para echarle de comer aparte
La historia de Gennady no es precisamente de las que necesitan un árbol genealógico para seguir el argumento. Encarnamos a un hombre cuyo nombre desconocemos y que, por motivos que iremos descubriendo, decide destruir la fábrica de carne en la que se encuentra. A partir de ahí comienza un recorrido por diferentes zonas pobladas por criaturas alienígenas de aspecto desagradable y sangre verde, a las que tendremos que repartir cariño utilizando principalmente nuestros puños.
La narrativa no se dedica a explicarlo todo desde el primer minuto. En su lugar, iremos encontrando páginas de un cuaderno repartidas por los distintos biomas, pequeños fragmentos que ayudan a reconstruir lo que está sucediendo y a comprender las motivaciones del protagonista. Es una forma de contar la historia que exige prestar atención y aceptar que algunas piezas del rompecabezas tardan en encajar.
El planteamiento recuerda a esas aventuras en las que el argumento se descubre poco a poco, sin interrumpir constantemente la acción con largas conversaciones. No obstante, tampoco conviene esperar una trama especialmente clara o convencional. Gennady juega deliberadamente con lo extraño y deja que parte de su encanto resida en esa sensación de estar avanzando por un mundo que no termina de explicarnos qué demonios ocurre.
Su protagonista también ayuda a reforzar esa identidad. Su aspecto, su indumentaria y la manera en que se enfrenta a los enemigos encajan con una dirección artística que busca llamar la atención por lo grotesco. No es el típico héroe de acción al que pondríamos como ejemplo de elegancia. Aquí hemos venido a repartir mamporros, ensuciarnos hasta las cejas y seguir avanzando.
La historia funciona como acompañamiento de la aventura, aunque no alcanza el mismo protagonismo que sus mecánicas. Lo importante es descubrir qué hay detrás de este extraño recorrido, pero el verdadero motivo para continuar está en la propia jugabilidad.

Abrirse paso a puñetazos
El combate de Gennady parte de una idea muy sencilla: golpear, golpear y volver a golpear. Durante buena parte de la aventura nuestros puños serán la herramienta principal para acabar con los enemigos, aunque el juego también incorpora otras armas y recursos a medida que avanzamos.
Los escenarios están repletos de bloques llamados bioblocks, que podemos destruir para conseguir larvas, la moneda utilizada durante las partidas, y recuperar cargas para nuestra embestida. Esta habilidad es fundamental, porque permite lanzarnos en una dirección determinada y atravesar obstáculos, destruir elementos del escenario y causar un daño considerable a los enemigos que se interpongan en nuestro camino.
Al principio disponemos de varias cargas de embestida, que se recuperan progresivamente después de utilizarlas. Aprender a administrarlas resulta esencial, especialmente cuando las plataformas empiezan a combinar trampas, enemigos y saltos que exigen medir bien cada movimiento. No se trata únicamente de correr hacia delante y pulsar botones como si estuviéramos intentando arreglar un mando a martillazos: hay que entender cuándo conviene reservar una carga y cuándo utilizarla para salir de una situación complicada.
El combate cuerpo a cuerpo, por su parte, resulta bastante directo. Los enemigos cuentan con patrones de ataque que podemos aprender, pero una vez conseguimos acercarnos a ellos, la posibilidad de encadenar golpes y aturdirlos hace que algunos enfrentamientos pierdan dificultad. Hay situaciones en las que la mejor estrategia termina siendo acortar distancias y repartir puñetazos hasta que el problema desaparece.
Esto provoca que determinados encuentros no tengan toda la profundidad que cabría esperar de sus enemigos. La idea funciona, pero habría agradecido algo más de variedad en la manera de obligarnos a combatir. Por suerte, los jefes sí introducen cambios en el planteamiento y nos obligan a prestar más atención a sus ataques y a modificar nuestra forma de jugar. Sus enfrentamientos aportan variedad y rompen el ritmo de las secciones anteriores, convirtiéndose en algunos de los momentos más interesantes de la aventura.

Correr, saltar y aprender a base de hostias
Gennady es un roguelike de plataformas en el que cada partida construye sus recorridos a partir de salas diseñadas previamente. Aunque la disposición cambia entre intentos, los espacios y sus desafíos tienen una estructura reconocible. Tendremos que atravesar trampas, superar secciones de precisión y enfrentarnos a enemigos hasta alcanzar los puntos de control o los jefes que marcan el avance.
La combinación de plataformas y estructura roguelike tiene sentido sobre el papel, pero también es responsable de uno de sus principales inconvenientes: la repetición. Al principio, descubrir los obstáculos y aprender cómo superarlos resulta estimulante. Cada error nos enseña algo y poco a poco vamos interiorizando los movimientos necesarios para atravesar determinadas secciones sin acabar estampados contra el primer peligro que aparece.
El problema llega cuando esa familiaridad empieza a jugar en nuestra contra. Una vez conocemos las salas, algunas partes pierden capacidad de sorpresa y el avance puede convertirse en una sucesión de retos que ya hemos resuelto anteriormente. La generación de recorridos aporta variación, pero no siempre consigue que cada intento se sienta realmente distinto.
Hay una cuestión interesante en su diseño: Gennady transmite una sensación constante de velocidad. Las animaciones del protagonista, la música y el funcionamiento de las trampas nos empujan a avanzar cada vez más deprisa. No hace falta que el juego nos obligue a correr para que terminemos haciéndolo. Poco a poco interiorizamos ese ritmo y queremos superar los obstáculos con la menor pausa posible.
Es una de sus mejores decisiones de diseño. Cuando conseguimos encadenar saltos, embestidas y golpes sin detenernos, el juego encuentra una cadencia muy satisfactoria. El movimiento deja de ser una simple herramienta para superar plataformas y se convierte en el corazón de la experiencia.
Sin embargo, no todas las situaciones están igual de bien resueltas. Algunos obstáculos pueden resultar injustos, especialmente cuando la posición de los enemigos o el desarrollo de una secuencia nos dejan poco margen de reacción. En un roguelike, perder una partida forma parte del aprendizaje, pero la derrota debe sentirse como consecuencia de un error que podamos identificar, no como una jugarreta difícil de anticipar.

Mejoras, comida y un poquito de suerte
Como buen roguelike, Gennady introduce elementos aleatorios que pueden cambiar nuestras posibilidades durante una partida. Entre los recursos disponibles encontramos mejoras y objetos que influyen en nuestra supervivencia y en la manera de afrontar los recorridos. Las larvas obtenidas al destruir los bioblocks también tienen importancia en la progresión, ya que permiten acceder a mejoras y recursos.
Algunos potenciadores resultan especialmente útiles. El pimiento picante, por ejemplo, permite recuperar progresivamente las cargas de embestida, algo que puede marcar una diferencia importante cuando necesitamos mantener el ritmo o superar una zona complicada. Otros objetos tienen una utilidad más limitada, como la olla de sopa, que ofrece una oportunidad de sobrevivir a un golpe que de otro modo sería fatal.
Aquí aparece un problema de equilibrio. No todas las mejoras ofrecen el mismo valor y recibir una opción poco interesante puede condicionar una partida frente a otra en la que encontremos un potenciador mucho más útil. La aleatoriedad forma parte del género, pero también debe existir cierta coherencia entre las recompensas disponibles. De lo contrario, la sensación de estar construyendo una configuración interesante se sustituye por la de aceptar lo que toque y cruzar los dedos.
No es que el juego necesite convertir cada partida en una combinación perfecta de habilidades. Precisamente, buena parte de la gracia de los roguelikes está en adaptarse a lo que encontramos. Pero esa adaptación funciona mejor cuando las distintas opciones tienen una utilidad reconocible y no cuando algunas parecen estar varios escalones por debajo de otras.

Una dirección artística que no viene precisamente de una pastelería
Visualmente, Gennady apuesta por una estética monocromática que recuerda al estilo de MadWorld, con una puesta en escena deliberadamente desagradable y criaturas que parecen diseñadas para provocar cierta incomodidad. La sangre verde de los alienígenas, los enemigos grotescos y los escenarios de aspecto industrial construyen un universo que no busca resultar bonito, sino reconocible.
El protagonista destaca especialmente dentro de esa paleta. Su indumentaria, bastante alejada de cualquier armadura heroica, permite distinguirlo en medio de los enfrentamientos y contribuye a ese humor absurdo que atraviesa toda la aventura. Es una decisión sencilla, pero coherente con la personalidad del juego.
Los enemigos también tienen diseños llamativos, con criaturas que parecen sacadas de una película de ciencia ficción de serie B. No todos tienen el mismo nivel de inspiración, pero el conjunto mantiene una identidad visual bastante clara. La dirección artística sabe que no necesita competir en espectacularidad con producciones mayores: le basta con ser diferente y mantener el tono que ha elegido desde el principio.
Conclusiones
Gennady es uno de esos juegos que no necesitan caerle bien a todo el mundo para tener algo que ofrecer. Su propuesta es grotesca, directa y bastante gamberra, pero detrás de esa fachada de sangre verde y puñetazos hay un plataformas que entiende la importancia del movimiento y sabe construir momentos de auténtico frenesí.
Su mayor virtud está en cómo conecta las embestidas, los saltos y el combate para generar una experiencia que invita a mejorar en cada intento. Cuando dominamos el desplazamiento y conseguimos atravesar una sala sin perder el ritmo, el juego resulta muy satisfactorio. Los enfrentamientos contra los jefes también aportan variedad y ayudan a compensar algunas secciones que pueden terminar haciéndose repetitivas.
No todo funciona igual de bien. El combate contra enemigos normales puede quedarse algo corto, las mejoras presentan diferencias importantes de utilidad y determinados obstáculos pueden generar situaciones frustrantes. La estructura roguelike tampoco siempre consigue evitar que la repetición se apodere de algunas partidas.
Aun así, Feed 64 ha construido una aventura con personalidad propia. Gennady no pretende ser el próximo gran referente del género, pero tiene suficientes ideas y una identidad tan marcada que resulta difícil confundirlo con cualquier otro plataformas. Si te gustan los retos de precisión, los roguelikes y ese humor desagradable que parece diseñado para hacer que alguien aparte la mirada de la pantalla, aquí tienes una propuesta que merece una oportunidad.
Puede que no salgamos precisamente limpios de esta aventura, pero al menos habremos aprendido que, a veces, la mejor manera de resolver un problema es lanzarse contra él a toda velocidad.
Lo mejor
- Una identidad visual grotesca y reconocible que encaja con su humor.
- El sistema de embestidas aporta velocidad y personalidad al movimiento.
- Los jefes introducen enfrentamientos más variados y exigentes.
- Las salas combinan plataformas, trampas y combate con buenos momentos de ritmo.
- Una propuesta independiente que no tiene miedo de ser extraña.
Lo peor
- Algunos enemigos normales pueden resultar demasiado fáciles al cerrar distancias.
- La estructura roguelike puede hacer que ciertas secciones se vuelvan repetitivas.
- Hay mejoras bastante más útiles que otras, lo que afecta al equilibrio de las partidas.
- Algunos obstáculos y situaciones pueden resultar frustrantes por su escaso margen de reacción.
Ficha técnica
- Juego: Gennady
- Desarrollador: Feed 64
- Distribuidor: Feed 64, Vsoo Games
- Género: Plataformas, acción, roguelike
- Plataforma analizada: PC
- Idioma: Español
Nota Final
7.0/10
Gennady es un plataformas roguelike tan desagradable como divertido, con una identidad visual muy marcada y un sistema de movimiento que invita a intentarlo una y otra vez. Sus embestidas, los desafíos de precisión y los enfrentamientos contra jefes ofrecen buenos momentos, aunque la repetición, el desequilibrio de algunas mejoras y ciertos problemas de dificultad impiden que alcance cotas mayores. No es una aventura para todos los paladares, pero quienes disfruten de los plataformas exigentes y del humor más cafre encontrarán aquí un pequeño rincón donde repartir hostias a gusto.









