Desarrollador: Aether Studios
Editor: Aether Studios
Plataformas: PC (Steam)


Hay juegos que, incluso sin estar terminados, logran despertar esa chispa especial que te recuerda por qué te gusta jugar. Aethermancer es uno de ellos. Desde los primeros minutos, me transportó a aquella sensación de descubrimiento que viví cuando Hades apareció por primera vez en acceso anticipado: esa mezcla de curiosidad, frustración y ganas de repetir una y otra vez “una carrera más”.

La diferencia está en el ritmo. Aquí no hay frenesí ni violencia griega, sino una cadencia más calmada, casi melancólica, más cercana al espíritu de un Pokémon clásico… aunque con bastante más estrategia y profundidad de lo que parece a simple vista.


Un roguelite de alquimia y monstruos

Aethermancer combina dos géneros que rara vez se cruzan bien: el roguelite y la domesticación de criaturas. Cada partida (o “carrera”) te lleva a explorar pequeñas zonas conectadas entre sí, enfrentándote a enemigos cada vez más duros en combates por turnos, generalmente de tres contra tres. Al final de cada zona eliges una de tres rutas posibles, lo que te obliga a tomar decisiones significativas: ¿arriesgarte por equipo mejor, asegurar experiencia o conservar recursos para la siguiente partida?

Las decisiones pesan, aunque sean sutiles. Cada run aporta algo, cada error enseña una lección. Ese bucle de riesgo y recompensa, de improvisación y planificación, es lo que hace que Aethermancer funcione tan bien.


Captura, éter y evolución

El sistema para conseguir monstruos también tiene su propia identidad. No basta con debilitarlos: hay que romper su equilibrio aprovechando sus debilidades elementales —viento, fuego, agua y tierra— para poder “reclamar su alma”. Luego, en el Santuario, puedes resucitar a esas criaturas o fusionarlas con otras, creando un equipo personalizado.

Si tus monstruos caen en combate, puedes restaurarlos gastando almas, pero si todo tu grupo es derrotado, vuelves a Pilgrim’s Rest, el centro de operaciones donde mejoras equipo, desbloqueas ventajas y preparas tu próxima expedición.

A medida que suben de nivel, los monstruos aprenden nuevos movimientos, obtienen rasgos y ganan “dignidad”, una especie de prestigio que se mantiene entre partidas y desbloquea mejoras pasivas. Este metajuego de progresión mantiene el interés incluso después de perder, y es uno de los mayores aciertos del título.


Un sistema de combate más táctico de lo que parece

Aunque inevitablemente se compare con Pokémon, Aethermancer apuesta por un combate más táctico. No hay puntos de poder ni ataques por turnos predecibles. Aquí cada movimiento consume éter, un recurso elemental que se genera según tus acciones.

Gestionar bien ese éter —y el de tus rivales— es clave para sobrevivir. Algunos movimientos pueden agotar el suministro del enemigo, o potenciar el tuyo, creando una capa de estrategia que recuerda más a un juego de cartas que a un JRPG tradicional.

A eso se suma un sistema de equipamiento, bendiciones y “maldiciones” que pueden alterar tus estadísticas o tus habilidades a lo largo de la partida. Todo cambia ligeramente en cada run, lo que refuerza el ADN roguelite y evita la monotonía.


Arte con alma (y dientes)

Si algo destaca en Aethermancer desde el primer momento es su dirección artística. Su pixel art no busca la nostalgia fácil: cada criatura, cada entorno y cada personaje tiene un diseño con identidad propia, a veces extraño, siempre evocador.

No hay esa sensación de reciclaje que a menudo se percibe en otros juegos del género. Cada monstruo parece tener una historia detrás, una mezcla entre lo adorable y lo inquietante. Las animaciones, eso sí, aún se sienten algo básicas, pero en general el conjunto visual tiene más carácter que muchos títulos de gran presupuesto.

La ambientación refuerza la idea de un mundo suspendido entre lo místico y lo decadente, donde cada batalla parece librarse en un fragmento del tiempo.


Un jefe que pone a prueba la paciencia

Durante el acceso anticipado, uno de los grandes retos llega con el jefe “final” actual. No voy a entrar en detalles, pero sí puedo decir que me hizo replantear por completo mi estrategia. Es un combate duro, probablemente más de lo que debería, y puede resultar un muro frustrante para algunos jugadores.

No está claro si se trata de un desequilibrio de dificultad o de una decisión narrativa, pero lo cierto es que ese enfrentamiento sirve como recordatorio de que Aethermancer aún está en desarrollo. El estudio ya ha confirmado que ajustará progresivamente la dificultad y los picos de reto a medida que avance el acceso anticipado.


Detalles, tutoriales y pequeñas fricciones

El otro punto a mejorar es la curva de aprendizaje. Las mecánicas se explican con claridad, pero algunos efectos de estado y rasgos de los monstruos aparecen de repente sin contexto. “Terror”, “Salvaje”, “Ruptura”… muchos de ellos requieren consultar menús o notas para entender sus consecuencias.

La información está ahí, pero abrumar al jugador en las primeras horas puede romper el ritmo. Una presentación más gradual o un compendio visual más claro ayudaría mucho.

Aun así, cuando logras interiorizar el sistema, el flujo de combate se vuelve mucho más natural y satisfactorio. Es un juego que premia la curiosidad y la experimentación, más que la repetición ciega.


Impresiones finales

Aethermancer todavía está en construcción, pero ya tiene los cimientos de algo especial. Su mezcla de roguelite, RPG táctico y domador de monstruos funciona sorprendentemente bien. Hay una profundidad estratégica real, una dirección artística con personalidad y una progresión meticulosa que hace que incluso perder se sienta útil.

Le falta pulir ritmo y narrativa, pero tiene un alma —y nunca mejor dicho— que lo diferencia del resto.

Si te gustan los juegos de estrategia con progresión permanente, si alguna vez soñaste con un Pokémon más desafiante o con un Slay the Spire donde tus cartas son criaturas vivas, Aethermancer merece tu atención.

Es un acceso anticipado prometedor, y si el estudio logra mantener su visión, podríamos estar ante una de las sorpresas indie más interesantes del año.

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