El género hack and slash lleva años dominando una parte muy concreta del panorama RPG, pero también es uno de los más exigentes. No basta con cumplir: hay que enganchar, sorprender y, sobre todo, competir contra referentes que llevan décadas perfeccionando sus sistemas. En ese terreno tan complicado es donde aterriza Dragonkin: The Banished, un título que ha pasado más de un año en acceso anticipado antes de su lanzamiento definitivo y que ahora busca hacerse un hueco con una propuesta sólida, aunque no revolucionaria.

Desde sus primeros compases, el juego deja claras sus intenciones. Nos encontramos ante una experiencia de fantasía oscura con todos los ingredientes clásicos: un mundo corrompido, criaturas monstruosas, poderes ancestrales y héroes marcados por un destino mayor. Es una fórmula conocida, incluso predecible, pero que sigue funcionando cuando está bien ejecutada. Y en este caso, lo cierto es que funciona.

Una narrativa ambiciosa que no siempre termina de conectar

La historia de Dragonkin: The Banished nos sitúa en un mundo devastado por la influencia de la sangre de dragón. Esta corrupción no solo ha deformado a las criaturas que habitan el mundo, sino que ha alterado el equilibrio natural, llevando a la humanidad al borde de la extinción. En este contexto, un grupo de héroes transformados por ese mismo poder dracónico se alza como la última esperanza para acabar con los Dragon Lords, responsables de la caída del mundo.

El punto de partida es interesante y tiene potencial, especialmente por ese enfoque en personajes que no son completamente puros, sino que también están marcados por la corrupción que combaten. Sin embargo, el desarrollo narrativo no siempre está a la altura de sus propias ideas. El juego introduce una gran cantidad de conceptos, nombres y elementos del lore en muy poco tiempo, lo que puede provocar cierta desconexión en el jugador.

No es que la historia sea mala, ni mucho menos, pero sí da la sensación de querer abarcar demasiado sin terminar de profundizar en lo realmente importante. Aun así, el contexto general funciona como excusa más que suficiente para impulsar la acción, que al final es el verdadero motor de este tipo de experiencias.

Montescail: un refugio que evoluciona contigo

Uno de los pilares sobre los que se construye la experiencia es Montescail, la última gran ciudad fortificada que sirve como refugio para la humanidad. Este enclave actúa como centro de operaciones, punto de descanso y lugar desde el que partiremos hacia las distintas regiones del mundo.

Lo interesante es que Montescail no es un simple menú disfrazado. A medida que avanzamos, el hub evoluciona, desbloquea nuevas funciones y cambia visualmente. Este detalle, aunque pueda parecer menor, aporta una sensación de progreso tangible que va más allá de subir niveles o mejorar estadísticas.

No estamos ante un sistema de gestión complejo, ni mucho menos. No hay decisiones profundas ni administración de recursos que cambien radicalmente la experiencia, pero cumple su función: dar cohesión al conjunto y reforzar la sensación de que estamos participando en algo más grande.

El verdadero corazón del juego: el sistema de progresión

Si hay un elemento que realmente define a Dragonkin: The Banished y lo diferencia de otros títulos del género, ese es su sistema de progresión. Aquí es donde el juego encuentra su identidad y donde más brilla.

El llamado Ancestral Grid no es simplemente otro árbol de habilidades con una interfaz distinta. Se trata de un sistema que obliga al jugador a pensar, experimentar y construir su personaje de una forma mucho más activa. No basta con desbloquear habilidades: hay que entender cómo encajan entre sí.

Este enfoque introduce una capa estratégica muy interesante. Cada decisión cuenta, y la forma en la que combinamos habilidades puede cambiar por completo nuestro estilo de juego. Es un sistema que premia la experimentación y que invita constantemente a probar nuevas configuraciones.

A esto se suma la presencia del dragón acompañante, que no actúa como un simple elemento estético, sino como una extensión del propio sistema de progresión. Sus habilidades y modificaciones afectan directamente al combate, añadiendo aún más profundidad y posibilidades de personalización.

Cuando el jugador empieza a comprender realmente cómo funciona todo este entramado, es cuando Dragonkin: The Banished muestra su mejor cara. Es en ese momento cuando deja de ser “otro hack and slash más” y empieza a destacar por méritos propios.

Un combate ágil que cumple con lo esperado

En lo que respecta al combate, el juego apuesta por una fórmula clásica, sin grandes riesgos. Acción en tiempo real, habilidades activas, enemigos en grandes cantidades y ese flujo constante de combate que define al género.

La respuesta es buena, los controles son precisos y la sensación general es satisfactoria. No reinventa nada, pero tampoco lo necesita. Aquí, el peso recae más en cómo construimos nuestro personaje que en las mecánicas base del combate.

Eso sí, hay ciertos aspectos que podrían estar mejor ajustados. Algunas habilidades destacan claramente por encima de otras, lo que puede generar builds demasiado dominantes. No llega a romper la experiencia, pero sí deja entrever que aún hay margen de mejora en el balanceo.

Un mundo variado que no siempre aprovecha todo su potencial

El viaje nos llevará a explorar distintas regiones, desde junglas hasta tundras heladas, pasando por zonas contaminadas y paisajes marcados por la corrupción. A nivel visual, el juego cumple con nota, ofreciendo entornos bien diseñados y con personalidad propia.

Sin embargo, no todos estos escenarios están igual de aprovechados. En algunos casos, se perciben como espacios algo repetitivos o con un diseño que no termina de explotar todas sus posibilidades. El ritmo de exploración también puede verse afectado por esta falta de variedad en ciertos momentos.

Aun así, el conjunto funciona, especialmente cuando el jugador está centrado en mejorar su build y avanzar en la progresión, que es donde realmente reside el gancho principal del juego.

Si hay un elemento que define a cualquier RPG de acción dentro del género hack and slash, ese es el loot. Es el combustible que alimenta el bucle jugable, la razón por la que seguimos avanzando, repitiendo zonas y optimizando builds durante horas. En este sentido, Dragonkin: The Banished cumple… pero no termina de brillar como debería.

El loot: el punto más débil de la experiencia

Durante las primeras horas, el sistema de recompensas funciona correctamente. Cada nuevo objeto supone una mejora, cada pieza de equipo aporta algo diferente y el progreso se siente constante. Sin embargo, a medida que avanzamos y consolidamos una build sólida, el interés por el loot empieza a diluirse.

El problema principal es que muchos de los objetos que encontramos dejan de tener relevancia. Se convierten en ruido, en recompensas que no aportan nada significativo y que obligan al jugador a filtrar constantemente entre decenas de ítems sin valor real. Esto rompe parcialmente el ritmo y reduce esa sensación de recompensa constante que caracteriza a los grandes exponentes del género.

No es un sistema roto, ni mucho menos, pero sí da la sensación de que necesita un ajuste más fino para mantener el interés a largo plazo. En un juego donde la progresión es tan importante, este tipo de detalles marcan la diferencia.

Endgame con buenas ideas, pero margen de mejora

El contenido de endgame es otro de los aspectos clave en este tipo de juegos, y aquí se nota claramente el paso por el acceso anticipado. Dragonkin: The Banished propone una estructura que busca alargar la vida útil del juego mediante la optimización de builds, la repetición de actividades y el desafío progresivo.

Hay intención, y eso es importante. Se percibe que el juego quiere ofrecer un recorrido más allá de la campaña principal, incentivando al jugador a seguir experimentando con sus configuraciones y a exprimir al máximo el sistema de progresión.

Sin embargo, la ejecución no siempre está a la altura de esa ambición. El endgame puede volverse algo repetitivo con el paso de las horas, especialmente si el sistema de loot no acompaña con recompensas lo suficientemente atractivas. Aun así, para quienes disfrutan afinando builds y buscando la eficiencia máxima, sigue siendo un aliciente más que válido.

Ritmo irregular y sensaciones encontradas

Uno de los aspectos más discutibles del juego es su ritmo. Dragonkin tarda en arrancar. Las primeras horas pueden resultar algo densas, especialmente por la cantidad de sistemas que introduce y por una narrativa que no termina de enganchar desde el inicio.

Sin embargo, una vez superada esa barrera inicial y comprendidas sus mecánicas principales, la experiencia mejora notablemente. El jugador empieza a encontrar sentido a sus decisiones, a experimentar con builds y a disfrutar del combate de una forma mucho más fluida.

El problema es que ese buen ritmo no siempre se mantiene. Hay momentos en los que la experiencia se siente más repetitiva de lo deseable, especialmente en ciertos escenarios o misiones que no aportan suficiente variedad.

Apartado técnico y artístico: sólido, pero sin destacar

A nivel visual, Dragonkin: The Banished cumple con lo esperado dentro del género. Su estética de fantasía oscura está bien representada, con escenarios detallados y un diseño de enemigos coherente con el mundo que plantea.

No es un juego que busque sorprender técnicamente, pero tampoco lo necesita. Todo funciona de manera correcta, sin grandes alardes, pero con la suficiente calidad como para resultar atractivo durante toda la experiencia.

En cuanto al rendimiento, el título ofrece una experiencia estable en líneas generales. Se nota el trabajo realizado durante el acceso anticipado, especialmente en la optimización y en la estabilidad general del juego. No es perfecto, pero sí lo suficientemente sólido como para no interferir en la experiencia.

El apartado sonoro acompaña bien, aunque sin llegar a ser especialmente memorable. Cumple su función, refuerza la ambientación y no desentona, pero no deja una huella especialmente marcada.

Un juego que se entiende mejor por lo que intenta que por lo que logra

Llegados a este punto, es importante entender qué es realmente Dragonkin: The Banished. No estamos ante un título que busque revolucionar el género ni competir directamente con los gigantes del hack and slash. Su propuesta es más humilde, pero también más honesta.

Es un juego que intenta aportar algo diferente a través de su sistema de progresión, y en gran medida lo consigue. El Ancestral Grid y la personalización de builds son, sin duda, sus mayores aciertos y los elementos que le dan personalidad propia.

Sin embargo, el conjunto no siempre está al mismo nivel. Aspectos como el loot, el ritmo o el balanceo impiden que el juego alcance todo su potencial. Y es precisamente ahí donde se queda esa sensación de oportunidad perdida.

No porque sea un mal juego —ni mucho menos—, sino porque deja ver claramente que podría haber sido algo más.


Conclusión

Dragonkin: The Banished es un RPG de acción competente, disfrutable y con ideas interesantes que logran darle una identidad propia dentro de un género extremadamente competitivo. Su sistema de progresión destaca por encima del resto, ofreciendo profundidad y posibilidades que invitan a experimentar y a invertir horas en perfeccionar builds.

Sin embargo, no todos sus elementos alcanzan ese mismo nivel. El sistema de loot pierde fuerza con el paso del tiempo, el ritmo es irregular en algunos tramos y el conjunto general deja la sensación de que aún necesitaba un poco más de pulido para brillar con luz propia.

Aun así, estamos ante una propuesta recomendable, especialmente para quienes disfrutan del género y buscan algo ligeramente diferente dentro de la fórmula clásica.


Lo mejor

Sistema de progresión profundo y original (Ancestral Grid)
Gran variedad de builds y personalización
Combate ágil y satisfactorio
Buen diseño del hub y sensación de progreso

Lo peor

Sistema de loot poco satisfactorio en el mid-late game
Ritmo irregular en algunas fases
Balanceo de habilidades mejorable
Falta de mayor identidad en algunos aspectos


Ficha técnica

Desarrollador: Eko Software
Editor: Nacon
Plataformas: PC, PlayStation 5, Xbox Series X|S
Género: RPG de acción / Hack and Slash


Nota final: 8 / 10

Dragonkin: The Banished es un título que no reinventa el género, pero sí aporta ideas suficientes como para destacar. Con un poco más de pulido, podría haber sido un referente; aun así, es una experiencia muy disfrutable para los amantes del hack and slash.

Este análisis ha sido posible gracias a una clave de PC cedida Dead Good Media

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