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Vamos a quitarnos las caretas desde el primer párrafo, que aquí ya nos conocemos todos. A estas alturas de la película, cuando te dicen que se va a lanzar al mercado un nuevo RPG de supervivencia con mecánicas de crafteo y un mundo abierto por explorar, lo normal es que te entre un bostezo de época. Estamos cansados de talar árboles con hachas de piedra, de picar metal en cuevas oscuras y de construir la típica cabaña de troncos que hemos levantado ya en cincuenta juegos clónicos. Da igual que cambies los vikingos por caníbales o astronautas; el bucle suele oler a cerrado.

Por eso, cuando nos llegó la clave de Witchspire para PC, lo miramos con cierta desconfianza. ¿El debut de un estudio independiente llamado Envar Games prometiendo fusionar la crudeza de la supervivencia con la alta fantasía de la brujería pagana? Sonaba idílico sobre el papel, pero el cementerio del videojuego está lleno de buenas intenciones que terminaron en desastre.

Sin embargo, tras meterle un buen puñado de horas a su versión de compatibles, trastear con sus mecánicas, quemar bosques enteros sin querer y caernos por barrancos persiguiendo bichejos mágicos, la sensación que nos queda es completamente distinta.

Witchspire no ha venido a vender humo. Es una propuesta con una personalidad arrolladora que cambia el chip por completo: aquí tu mejor herramienta de supervivencia no es un pico de hierro, sino tu capacidad para memorizar escuelas elementales y canalizar el tejido arcano para que la naturaleza no te devore crudo.

De patitos feos a amos del cotarro arcano

La premisa argumental nos mete de lleno en los zapatos de unos aprendices de brujo bastante mundanos que acaban de llegar a un reino místico que se está yendo a pique. El mapa del juego, que por cierto está completamente diseñado a mano alejándose de la aburrida e impersonal generación procedimental que tanto daño hace al género, está sufriendo el despertar de una oscuridad ancestral. Un mal de los de toda la vida que corrompe el terreno y vuelve locas a las criaturas locales.

Lo que nos ha parecido un acierto absoluto es cómo Envar Games ha hilado la narrativa con la propia progresión del jugador. No eres un mago superpoderoso desde el minuto uno; de hecho, empiezas siendo un auténtico paria que se muere de frío si pasa la noche al raso y al que cualquier jabalí con un par de cuernos le puede aviar un viaje de vuelta al punto de reaparición.

La gracia del asunto está en que cada paso que das en el mundo te obliga a equilibrar tus necesidades humanas más básicas (comer, recolectar madera, buscar refugio) con el aprendizaje de las artes oscuras. Para avanzar, necesitas adentrarte en zonas cada vez más peligrosas con el único objetivo de desentrañar los misterios de esa oscuridad latente, encontrando páginas de grimorios perdidos y catalizadores mágicos que expanden tu abanico de posibilidades jugables de una forma brutal.

Hechizos que no son solo fuegos artificiales

El gran triunfo de Witchspire, lo que verdaderamente lo separa de cualquier juego de supervivencia convencional, es su sistema de magia. En otros títulos, la magia es un añadido tardío, un recurso que consume maná para quitar más vida que una flecha normal y poco más. Aquí la magia está metida hasta la médula en las mecánicas de recolección y supervivencia cotidiana.

El juego nos plantea varias escuelas de magia elemental, y cada una de ellas altera por completo cómo interactúas con el mapa:

  • Rompenimbos: Creen que siempre hay una alternativa mejor desafiando normas y convinciones. Suelen volar con sus escobas.
  • Astradores: Son los arquitectos de la sociedad. Modelan la realidad con sus martillos
  • Orbidentes: Escuchan el susurro del futuro. Les gusta ir con una bola de cristal en la mano.
  • Gaiamantes: Están en contacto con la naturaleza y les gusta influir en ella.
  • Biblioguardas: Son los historiadores del juego. Documentan todo lo referente a culturas y civilizaciones antiguas
  • Noctescribas: Solitarios y esquivos valoran el la luz de las estrellas en la noche. Suelen ir cargados de libros, pergaminos y telescopios.

Lo divertido de esto es que los hechizos interactúan de forma natural con el motor de físicas del juego. Si lanzas un rayo congelante a un lago mientras te persigue una horda de enemigos, crearás una pista de hielo en la que patinarán o se quedarán atrapados. Si combinas fuego con vegetación, puedes provocar un incendio forestal que se te vaya de las manos y acabe calcinando tus propios recursos si no andas con pies de plomo. Es un patio de recreo mágico donde la improvisación se premia constantemente.

Adiós al pico de madera: la recolección es pura brujería

El punto de partida nos pone en la piel de un aprendiz de brujo o bruja —completamente personalizable gracias a un editor sorprendentemente profundo— que, tras un accidente con una ancestral estructura mística conocida como la Gran Aguja (la Witchspire que da nombre al título), se encuentra varado en una tierra inhóspita y corrupta. A partir de aquí, el objetivo es el clásico del género: sobrevivir, desentrañar los secretos del entorno y encontrar el camino de vuelta a casa junto a un grupo de hasta tres amigos en su cooperativo online para cuatro jugadores.

Sin embargo, lo verdaderamente refrescante se nota desde el primer minuto en que controlamos a nuestro personaje. En Witchspire, la interacción con el entorno pasa obligatoriamente por el filtro de la magia. ¿Necesitas madera para tus construcciones o rituales? No hay problema, la magia se ocupa.

El flujo de juego sustituye las tediosas barras de resistencia física habituales del género por la gestión activa de nuestro maná y la manipulación del ecosistema. El hambre no nos matará de forma directa, pero estar bien alimentados y reconfortados en nuestro refugio potenciará nuestras reservas de energía mística, lo que se traduce directamente en la capacidad de lanzar hechizos más potentes o recolectar a mayor velocidad. Es una aproximación que elimina los picos de frustración típicos de los primeros compases en este tipo de juegos, haciendo que la exploración por sus extensas praderas y frondosos bosques se sienta sumamente dinámica e intuitiva.

Combates con sabor a rol y espíritus domesticables

El mundo de Witchspire no es un paseo idílico. Una antigua y viscosa corrupción se extiende bajo la superficie, alterando a la fauna local y dando origen a criaturas de pesadilla dispuestas a ponernos las cosas difíciles. El sistema de combate se aleja del tradicional machaca-botones en tercera persona y apuesta por una hibridación de rol y acción bastante ágil. Podemos equiparnos una amplia variedad de armas mágicas que alteran por completo nuestro estilo de juego: desde las clásicas varitas y tomos para atacar a larga distancia con proyectiles elementales, hasta espadas místicas (spellblades) y pergaminos de un solo uso con efectos devastadores en área. Los enfrentamientos nos obligan a ser móviles, utilizando parpadeos teletransportadores (blinks) para esquivar las embestidas enemigas en el último segundo.

Pero el verdadero núcleo diferenciador de las batallas reside en la mecánica de los Familiares. A medida que exploramos y derrotamos a las criaturas salvajes que habitan el mapa, podemos capturar sus esencias y espíritus para domesticarlos. Estos seres no son meras mascotas decorativas que nos siguen a todas partes; cuentan con su propio árbol de habilidades y un sistema de crecimiento que podemos moldear según nuestras necesidades tácticas. Mientras que algunos familiares actúan como tanques formidables que absorben el daño en primera línea, otros pueden especializarse en sanar nuestras heridas o, mejor aún, quedarse en nuestra base automatizando las tareas cotidianas de refinamiento de materiales mientras estamos fuera explorando.

Combates con sabor a rol y espíritus domesticables

Cuando llega el momento de levantar nuestro propio santuario mágico, Envar Games introduce una de las mecánicas más ingeniosas y satisfactorias que hemos visto en mucho tiempo: la proyección astral. En la inmensa mayoría de juegos de supervivencia, construir estructuras elevadas o tejados complejos se convierte en un calvario de andamios improvisados, caídas accidentales que nos quitan media barra de vida y problemas con la cámara.

Aquí, al activar el modo de edificación, el espíritu de nuestra bruja se desliga temporalmente de su cuerpo físico y de las leyes de la gravedad. Pasamos a una suerte de cámara libre flotante (similar a un modo creativo) que nos permite colocar paredes, pilares, ventanas y laboratorios de alquimia desde cualquier ángulo imaginable y con una comodidad pasmosa. Mientras flotamos diseñando el asentamiento perfecto para nuestro aquelarre, nuestro cuerpo físico permanece vulnerable en el suelo, lo que añade un puntito de tensión genial si estamos construyendo en zonas poco iluminadas o desprotegidas durante la noche, donde los meteoros y las incursiones enemigas acechan.

El progreso de nuestra base está directamente ligado a un árbol tecnológico ramificado muy completo. A través del desbloqueo de planos y la subida de nivel de nuestro personaje, pasamos de crear sencillas hogueras de campamento a sofisticados altares rituales capaces de alterar el clima, destilar pociones de efectos avanzados o forjar equipamiento de nivel mítico que necesitaremos para afrontar las zonas más peligrosas del mapa.

Un portento artístico que entra por los ojos

No podemos cerrar este primer vistazo sin hacer una mención especial al apartado audiovisual. Sabiendo de dónde vienen los integrantes de Envar Games, las expectativas en este aspecto eran altas, y el resultado no decepciona en absoluto. El juego abandona el fotorrealismo genérico para abrazar una estética pictórica maravillosa, un mundo de fantasía que parece extraído directamente de una ilustración hecha a mano. El diseño de los personajes, el fluir de las túnicas, las expresivas animaciones de los hechizos y la paleta de colores empleada logran dar una fortísima identidad visual a cada bioma.

La exploración se complementa de fábula gracias a los métodos de desplazamiento. Aunque podemos patear el mundo a pie, la verdadera diversión comienza cuando desbloqueamos la posibilidad de surcar los cielos montados en nuestra escoba voladora. Volar sobre las copas de los árboles mientras contemplamos el horizonte, localizando ruinas antiguas desde el aire o huyendo de una tormenta mágica inminente, regala algunos de los momentos más bellos y atmosféricos de lo que llevamos de año.

Conclusiones

Witchspire se estrena en el formato de Acceso Anticipado con unos cimientos increíblemente sólidos. La decisión de cambiar las herramientas físicas por conjuros de recolección, sumada a la comodidad del sistema de construcción astral y la profundidad de la crianza de familiares, demuestra que Envar Games ha estudiado a fondo el género para pulir sus aristas más aburridas. Queda por ver cómo responderá el endgame a largo plazo y con qué ritmo expandirá el estudio el mapa y la variedad de jefes durante los próximos meses, pero la mezcla entre aventura cooperativa, rol y supervivencia mágica funciona de maravilla desde ya. Si buscas un mundo magnético en el que perderte este verano junto a tus amigos, te recomendamos encarecidamente que le eches un ojo. No te va a defraudar.

Ficha técnica

  • Desarrollador: Envar Games
  • Editor: Envar Games
  • Plataformas: PC (Versión analizada)
  • Género: RPG de supervivencia / Crafteo místico

*Este avance de Wichspire ha sido posible gracias a una clave de PC facilitada por Renaissance PR

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