Encontramos algo curioso en la saga Call of Duty: lleva tantos años intentando reinventarse que, de vez en cuando, parece que necesita recordar qué demonios la convirtió en uno de los grandes nombres de los videojuegos. Después de experimentar con movimientos cada vez más acrobáticos y mecánicas que parecían sacadas de un parque de atracciones militar, Infinity Ward vuelve a apostar por una fórmula más reconocible con Call of Duty: Modern Warfare 4. Menos saltitos imposibles, más plomo y una campaña que pretende dejar huella. Y, por si fuera poco, un DMZ que por fin parece haber encontrado su sitio.
Disponible en PC, PS5, Xbox Series X|S y Nintendo Switch 2, esta nueva entrega tiene la difícil misión de cerrar una etapa importante de la franquicia y convencer a quienes llevaban tiempo echando de menos los Call of Duty de toda la vida. Para conseguirlo, reúne tres grandes pilares: una campaña cinematográfica, un multijugador competitivo que recupera el combate más tradicional y un modo de extracción que amplía considerablemente las posibilidades de juego.
La buena noticia es que la apuesta tiene bastante sentido. Modern Warfare 4 no necesita inventar la pólvora para resultar entretenido, aunque eso tampoco significa que todo lo que dispara dé en la diana. Hay decisiones muy acertadas, algunos problemas que siguen acompañando a la saga y un modo, DMZ, que amenaza con robarle protagonismo a la campaña. Vamos por partes, que aquí hay guerra para rato.
Contenidos
Una campaña que se toma la guerra en serio
La historia transcurre después de los acontecimientos de Modern Warfare 3 de 2023 y arranca con un conflicto de enorme magnitud: Corea del Norte invade Corea del Sur y el mundo vuelve a encontrarse al borde de una crisis internacional. En medio de semejante panorama conocemos a Park, un joven soldado surcoreano que se ve obligado a enfrentarse a una situación que supera con mucho lo que esperaba de su vida militar.
La campaña también recupera a la Task Force 141, aunque la pérdida de Soap en la anterior entrega ha dejado heridas que no se pueden solucionar simplemente repartiendo munición. Infinity Ward apuesta por combinar dos perspectivas narrativas, la de los personajes que llevan años acompañándonos y la de unas nuevas fuerzas surcoreanas que aportan un punto de vista diferente al conflicto.
Esta decisión le sienta especialmente bien a la historia. En lugar de limitarse a encadenar misiones con explosiones cada cinco minutos, Modern Warfare 4 intenta dar importancia a lo que sucede y a las consecuencias de sus acontecimientos. El enfrentamiento entre las dos Coreas también aporta un contexto poco habitual dentro de la franquicia, que encuentra aquí una oportunidad para salir de los escenarios militares más recurrentes.
La saga recupera su faceta más cinematográfica, sabe perfectamente cómo hacerlo. Hay momentos que parecen sacados de una superproducción de Hollywood, con situaciones que van escalando hasta convertirse en auténticos despropósitos bélicos. De los buenos, claro: de esos en los que te preguntas cómo demonios vas a salir vivo mientras el escenario se viene abajo a tu alrededor.

Tiros, sigilo y mamporros: vuelve el Call of Duty de siempre
Uno de los cambios más acertados está en la forma de moverse y combatir. Después de las propuestas que apostaban por una movilidad más exagerada, Modern Warfare 4 recupera un estilo más cercano al de Modern Warfare de 2019. Aquí los pies vuelven a estar en el suelo y el enfrentamiento se centra en posicionarnos, apuntar bien y utilizar el arsenal con cabeza.
El movimiento conserva suficiente agilidad para que la acción resulte dinámica, pero evita convertir cada enfrentamiento en una competición de saltos, deslizamientos y maniobras que harían sudar hasta al especialista más experimentado. Se nota que Infinity Ward quiere recuperar una identidad reconocible: los tiroteos tienen un ritmo directo y las armas vuelven a ocupar el centro de la experiencia.
Y hablando de armas, el arsenal cuenta con personalidad propia. Los fusiles, subfusiles, escopetas y demás herramientas de destrucción presentan diferencias que ayudan a distinguir unas opciones de otras. La cadencia, el retroceso y el sonido contribuyen a que disparar no sea simplemente mantener apretado el botón hasta que el enemigo deje de moverse. Puede parecer lo mínimo exigible en un shooter de este calibre, pero es una de esas cosas que se agradecen especialmente cuando las entregas anteriores han abusado de sensaciones demasiado parecidas entre sí.
También regresan las posibilidades de personalización mediante el sistema Gunsmith, que permite ajustar las armas a nuestro estilo de juego. A ello se suma el accesorio definitivo Apex, una opción que añade una habilidad especial a cada arma compatible y permite darle un giro al enfrentamiento cuando llega el momento de apretar las tuercas.

La campaña combina tiroteos convencionales con fases de sigilo, visión nocturna, conducción y asaltos a posiciones enemigas. Tampoco faltan zonas que permiten explorar con algo más de libertad, buscar equipo y completar objetivos secundarios antes de continuar con la misión principal. Estos espacios aportan variedad sin convertir la historia en un mundo abierto que nos obligue a recorrer kilómetros para encontrar la siguiente pelea.
La novedad más llamativa, sin embargo, está en el combate cuerpo a cuerpo. En determinados momentos podemos pasar de disparar a repartir golpes a corta distancia, con enfrentamientos que recuerdan a las escenas de acción más brutales del cine. Price, además, atraviesa una etapa en la que parece tener muy poca paciencia para las negociaciones diplomáticas. Digamos que el capitán no está precisamente para organizar una barbacoa con el enemigo.
La campaña funciona porque combina estos elementos sin perder de vista su objetivo principal: mantenernos enganchados a la historia y llevarnos de una situación intensa a otra. Eso sí, hay algunos escenarios cuya iluminación puede complicar la navegación. La oscuridad contribuye a la ambientación, pero también puede hacer que nos perdamos o que cueste identificar por dónde continuar. Una cosa es sentirnos vulnerables y otra tener que jugar a buscar las siete diferencias entre una pared y un pasillo negro.

Multijugador: menos acrobacias y más plomo
Si la campaña es el escaparate cinematográfico, el multijugador continúa siendo el lugar donde muchos jugadores invertirán cientos de horas. Aquí Modern Warfare 4 apuesta por recuperar una experiencia más clásica, con enfrentamientos directos, movilidad contenida y un gunplay que favorece el posicionamiento y la precisión frente a los movimientos exagerados.
La decisión tiene sentido. No todas las entregas necesitan reinventar la forma de correr, saltar o deslizarse para resultar divertidas. A veces basta con diseñar buenos tiroteos, ofrecer armas diferenciadas y construir mapas donde los enfrentamientos fluyan sin interrupciones constantes. Y esa es precisamente la filosofía que intenta recuperar esta entrega.
Los mapas cumplen con su cometido, aunque no todos alcanzan ese nivel de diseño que convierte un escenario en uno de esos lugares que recuerdas años después. Lo importante es que los enfrentamientos mantienen un ritmo constante y que la movilidad más tradicional favorece el contacto entre equipos. Hay menos sensación de estar persiguiendo a un acróbata con un fusil y más de participar en un tiroteo donde cada decisión puede marcar la diferencia.
En definitiva, el multijugador no pretende reinventar Call of Duty. Quiere recuperar sus mejores sensaciones y añadir suficientes novedades para que no parezca una simple repetición de entregas anteriores. Y, en líneas generales, ese planteamiento funciona.

DMZ: la extracción encuentra por fin su sitio
Si hay un apartado que merece una atención especial, es DMZ. Este modo de extracción lleva tiempo buscando una identidad propia dentro de la franquicia, y Modern Warfare 4 parece haber encontrado una fórmula mucho más convincente.
La propuesta nos lleva al mapa de Hajin, un escenario amplio donde debemos completar misiones, buscar recursos, explorar instalaciones y enfrentarnos tanto a enemigos controlados por la inteligencia artificial como a otros jugadores. El objetivo no consiste únicamente en eliminar todo lo que se mueva, sino en conseguir el botín necesario y salir de la zona con vida. Porque, como suele ocurrir en este tipo de experiencias, encontrar un objeto valioso es estupendo; perderlo todo por confiarte demasiado resulta bastante menos divertido.
La recolección tiene ahora una función más clara. Los objetos que conseguimos durante las incursiones sirven para fabricar materiales y desarrollar mejoras desde nuestra base, lo que da sentido a explorar y registrar los escenarios en lugar de limitarnos a correr de una misión a otra. Cada expedición puede contribuir a nuestra progresión, pero también puede terminar en desastre si nos cruzamos con un grupo rival mejor preparado.
Hajin es una de las grandes bazas del modo. Su clima dinámico puede transformar las condiciones del mapa, alternando entre diferentes situaciones meteorológicas que afectan a la forma de afrontar una incursión. La niebla y las tormentas no son únicamente un adorno para que las capturas de pantalla queden más bonitas: ayudan a reforzar la sensación de estar en un entorno cambiante donde no siempre podemos anticipar lo que nos espera.

También hay jefes, zonas especialmente peligrosas y enfrentamientos que exigen preparación. A medida que nos adentramos en áreas más complicadas, la recompensa puede ser mayor, pero también aumenta el riesgo de perder lo que llevamos encima. Es un equilibrio que invita a pensar dos veces antes de lanzarse a por el siguiente objetivo.
La gracia está en que DMZ genera historias propias. Una incursión que comienza como una misión sencilla para conseguir materiales puede terminar en una persecución, un enfrentamiento inesperado o una huida desesperada hacia la extracción. Y esas situaciones surgen de la combinación de jugadores, enemigos, botín y circunstancias, no únicamente de una secuencia diseñada de antemano.
Para quienes disfrutan de los juegos de extracción, este modo puede convertirse en una auténtica máquina de devorar horas. Para quienes prefieren el multijugador tradicional, ofrece una alternativa con más exploración y una progresión diferente. Eso sí, su naturaleza hace que debamos aceptar la posibilidad de perder recursos y que algunas partidas terminen bastante peor de lo que habían empezado.

Apartado técnico: espectáculo y alguna que otra sombra
En el apartado audiovisual, Modern Warfare 4 mantiene el enfoque cinematográfico de la franquicia. Los personajes, las secuencias narrativas y los escenarios están diseñados para ofrecer una puesta en escena espectacular, especialmente durante las misiones de campaña en las que la acción se descontrola.
El sonido de las armas también merece reconocimiento por su contribución a los enfrentamientos. La personalidad del arsenal no depende únicamente de las estadísticas: el sonido, la cadencia y la respuesta al disparar ayudan a distinguir cada herramienta. En un juego donde pasamos buena parte del tiempo apuntando y disparando, estos detalles importan.
Sin embargo, no todo está igual de pulido. La iluminación de determinadas zonas puede perjudicar la visibilidad y hacer que avanzar resulte más complicado de lo necesario. Es un problema que afecta especialmente a los momentos en los que debemos movernos por entornos oscuros y buscar una ruta concreta. La intención de reforzar el realismo se entiende, pero el equilibrio entre ambientación y claridad jugable podría ser mejor.
También hay aspectos mejorables en el sonido del multijugador, donde algunas señales de audio no siempre ofrecen la consistencia que esperaríamos. En un shooter competitivo, escuchar correctamente los pasos o identificar determinadas acciones puede marcar la diferencia entre anticiparse al rival y acabar mirando la pantalla de reaparición.
En PC, el conjunto se beneficia de formar parte de una versión disponible junto a las ediciones de nueva generación, aunque conviene no confundir las virtudes generales del juego con una garantía de rendimiento idéntico en cualquier ordenador. La experiencia dependerá de la configuración y del equipo utilizado, por lo que no sería serio prometer cifras concretas de rendimiento sin datos de pruebas específicas.

Conclusiones
Call of Duty: Modern Warfare 4 es una entrega que entiende que, a veces, para avanzar hay que dejar de correr en círculos. Infinity Ward recupera una movilidad más tradicional, construye una campaña con mayor peso narrativo y ofrece un multijugador que apuesta por el combate directo en lugar de intentar sorprendernos a base de acrobacias.
La campaña destaca por su puesta en escena y por la combinación de personajes conocidos con nuevas perspectivas. El multijugador mantiene una base sólida y añade modos que ayudan a variar las partidas, mientras que DMZ se convierte en una de las propuestas más interesantes del conjunto gracias a su exploración, su progresión y un mapa que invita a asumir riesgos.
No es perfecto. La iluminación puede complicar ciertos momentos de la campaña, el sonido competitivo necesita mayor consistencia y algunos mapas no alcanzan el nivel de los grandes clásicos de la franquicia. Pero son problemas que no impiden disfrutar de una entrega que tiene bastante claro qué quiere ofrecer.
En definitiva, Modern Warfare 4 recupera buena parte de las sensaciones que hicieron grande a la saga y las combina con novedades que aportan valor al conjunto. No revoluciona el género, pero tampoco lo necesita para convertirse en una propuesta muy recomendable para los aficionados a los shooters bélicos.
Lo mejor
- Una campaña cinematográfica con una historia más relevante y nuevos personajes interesantes.
- El regreso a una movilidad más tradicional y un gunplay satisfactorio.
- Un arsenal con personalidad y buenas posibilidades de personalización.
- Las nuevas modalidades del multijugador, que amplían la variedad de partidas.
- DMZ y el mapa de Hajin, con exploración, progresión y situaciones imprevisibles.
Lo peor
- La oscuridad de ciertos escenarios puede dificultar la navegación durante la campaña.
- No todos los mapas alcanzan el nivel de los grandes clásicos de la saga.
- La fórmula recupera sensaciones conocidas, pero no supone una revolución.
Ficha técnica
- Juego: Call of Duty: Modern Warfare 4
- Desarrolladores: Infinity Ward, Raven Software, Digital Legends, Sledgehammer Games, Activision Shanghai, Demonware
- Distribuidor: Activision
- Plataformas : PC, PS5, Xbox Series X|S y Nintendo Switch 2
- Género: Shooter en primera persona, Multijugador
- Jugadores: Un jugador y multijugador online
- Idioma: Textos y voces en español
Nota
8,7/10
Modern Warfare 4 recupera el pulso clásico de la saga con una campaña espectacular, un multijugador directo y un DMZ que por fin encuentra una identidad convincente. No está libre de fallos, pero vuelve a demostrar que no hace falta correr por las paredes para montar una buena guerra.
