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La propuesta de Apog Labs y Shueisha Games nos lleva hasta Tycos, un planeta formado por islas flotantes donde la exploración, la supervivencia y la fabricación de recursos son las principales herramientas para salir adelante. Esto es muy a resumidas cuentas lo quye nos propone este Atmosfar

Su punto de partida tiene bastante mala leche. Encarnamos a un convicto que trabaja extrayendo chatarra en una prisión y que debe reunir una cantidad descomunal de volarita para saldar su deuda. La situación da un giro cuando una gran tormenta desactiva los sistemas de seguridad y abre una oportunidad de escapar. Con una Avispa averiada y muchas más preguntas que respuestas, comienza una aventura que nos obliga a buscar materiales, reparar equipos y descubrir qué demonios ha ocurrido en este extraño rincón del universo.

Atmosfar ha llegado a PC mediante acceso anticipado. Su propuesta combina supervivencia, construcción y exploración en un mundo abierto que apuesta por una estructura nómada: en lugar de levantar una casa y pasar media vida recogiendo recursos alrededor, aquí podemos transportar nuestro campamento y seguir descubriendo nuevas islas. Una idea que encaja especialmente bien con un escenario donde quedarse quieto no parece la mejor forma de sobrevivir.

Una fuga, una Avispa y un planeta por descubrir

La aventura comienza con una situación bastante poco envidiable. Nuestro protagonista está atrapado en una prisión donde debe extraer chatarra para conseguir volarita, un recurso que necesita para pagar una deuda de un millón de unidades. Una tormenta altera el funcionamiento de las instalaciones y nos permite escapar. La huida nos lleva hasta una Avispa, un vehículo aéreo que se convierte rápidamente en nuestro mejor aliado.

A partir de ese momento, Tycos se abre ante nosotros. El planeta está formado por diferentes islas suspendidas en el cielo, con zonas que explorar, recursos que recolectar y restos de instalaciones que ayudan a reconstruir lo que sucedió antes de nuestra llegada. La premisa funciona porque no necesita complicarse demasiado para ponernos en marcha: hemos escapado, tenemos un vehículo que mantener y un mundo desconocido que recorrer.

La historia no tiene intención de explicarlo absolutamente todo desde el primer minuto. Buena parte de la información se encuentra repartida por el escenario, en registros abandonados y encuentros con otros vagabundos. Estos pequeños fragmentos narrativos aportan contexto y despiertan la curiosidad sin obligarnos a seguir una sucesión interminable de conversaciones.

Es una decisión que beneficia a la exploración. En lugar de convertirnos en un turista espacial que simplemente sigue marcadores, Atmosfar nos anima a investigar y prestar atención a lo que encontramos. Algunas misiones pueden resultar algo vagas, pero esa falta de indicaciones también deja espacio para descubrir cosas por nuestra cuenta. La sensación de aventura depende bastante de esa curiosidad por saber qué hay detrás de la siguiente isla.

También ayuda que el trasfondo del planeta se vaya descubriendo poco a poco. Los documentos y los encuentros no están ahí únicamente para rellenar el escenario, sino que sirven para dar contexto a los lugares que visitamos. Encontrar una instalación abandonada resulta más interesante cuando podemos relacionarla con lo que hemos descubierto anteriormente. Es una manera de contar la historia que encaja con una aventura centrada en explorar y no tanto en recibir instrucciones constantemente.

Volar es vivir: la Avispa se convierte en nuestra casa

Uno de los elementos que más personalidad aporta a Atmosfar es su sistema de desplazamiento. La Avispa funciona como un vehículo aéreo personal que combina la agilidad de un transporte ligero con las posibilidades de una pequeña aeronave. Nos permite recorrer las islas, localizar recursos y alcanzar lugares que de otra manera quedarían fuera de nuestro alcance.

Su manejo resulta práctico y convierte los desplazamientos en una parte importante de la experiencia. No estamos simplemente utilizando un vehículo para ir de un punto a otro: volar es una de las actividades centrales del juego. Explorar desde el aire, buscar zonas interesantes y decidir dónde aterrizar forma parte de ese ritmo nómada que define la propuesta.

Además, existen diferentes variantes de Avispa que amplían sus posibilidades. La versión de utilidad permite transportar un campamento móvil, mientras que otras configuraciones están orientadas al transporte de cargas más pesadas o a desplazamientos de combate y mayor velocidad. No se trata de tener un único vehículo que haga absolutamente todo, sino de disponer de alternativas que responden a necesidades diferentes.

Un campamento que viene contigo

En muchos juegos de supervivencia, construir una base significa encontrar un buen lugar, levantar las instalaciones y empezar a vivir alrededor de ellas. Atmosfar plantea una alternativa bastante más flexible. Nuestro campamento puede acompañarnos durante la exploración gracias a su integración con la Avispa de utilidad.

Esta mecánica permite recoger y transportar las instalaciones necesarias para continuar progresando sin tener que regresar constantemente a un punto fijo. Podemos organizar nuestro espacio de trabajo, disponer de una estación de fabricación y llevar con nosotros elementos esenciales para seguir desarrollando el equipo.

Más adelante entra en escena una aeronave de mayor tamaño que funciona como una base aérea personalizable. Este vehículo representa un objetivo más ambicioso y amplía las posibilidades de nuestra aventura. No se trata únicamente de sobrevivir con lo que llevamos encima, sino de construir progresivamente una infraestructura que nos permita afrontar expediciones más complejas.

La idea tiene potencial porque conecta dos aspectos fundamentales del juego: la supervivencia y la exploración. Conseguir recursos no es un objetivo aislado, sino una manera de mejorar nuestra capacidad para viajar y descubrir nuevas zonas. Y, cuando el hogar también puede volar, las excusas para no abandonar el sofá empiezan a quedarse sin argumentos.

Recoger, fabricar y reparar: el trabajo sucio también tiene recompensa

La supervivencia en Atmosfar depende de nuestra capacidad para conseguir materiales y utilizarlos correctamente. Durante las expediciones encontraremos chatarra, recursos naturales y diferentes objetos que podremos aprovechar para fabricar herramientas, mejorar el equipo y ampliar nuestras instalaciones.

Para ello contamos con un conjunto de herramientas con funciones específicas. La linterna ayuda a desenvolvernos en zonas oscuras, la soldadora permite reparar elementos dañados y la excavadora sirve para extraer recursos de determinados objetos y estructuras. Cada herramienta tiene su utilidad y obliga a prestar atención a lo que encontramos durante nuestros desplazamientos.

Uno de los detalles más interesantes es la forma en la que el juego señala ciertos elementos aprovechables mediante un brillo especial. Esto invita a examinar el entorno y descubrir qué podemos extraer. No todo lo que encontramos tiene por qué ser útil, así que aprender a reconocer los recursos disponibles forma parte de la exploración.

La soldadora merece una mención especial porque no se limita a servir para reparar objetos del escenario. También podemos utilizarla para mantener nuestra propia Avispa, algo que refuerza esa sensación de estar cuidando un vehículo que necesitamos para sobrevivir. No basta con utilizarlo hasta que deje de funcionar: hay que mantenerlo en condiciones si queremos seguir recorriendo Tycos.

Aun así, nos gusta que cada herramienta tenga un propósito reconocible. La exploración gana interés cuando encontramos una estructura y empezamos a preguntarnos qué partes podemos aprovechar, qué materiales contiene y qué utilidad pueden tener para nuestro progreso. Esa pequeña recompensa de descubrir recursos en lugares inesperados ayuda a mantener el interés durante los desplazamientos.

Un mundo abierto que recompensa la curiosidad

Tycos no está pensado como un escenario que debamos recorrer siguiendo una línea recta. Sus islas, biomas y puntos de interés forman un mundo que invita a desviarse del camino principal. Podemos encontrar instalaciones abandonadas, campamentos, registros y otros elementos que ayudan a comprender mejor el planeta.

La variedad de entornos es importante para mantener el interés durante la exploración. Cada isla puede esconder recursos y situaciones diferentes, y el hecho de desplazarnos mediante vehículos aéreos permite contemplar el mundo desde una perspectiva distinta a la habitual en los juegos de supervivencia.

También encontramos flora y fauna alienígenas. No todos los animales son necesariamente amistosos, y algunas criaturas pueden atacar tanto al jugador como a la Avispa. Es un detalle que introduce cierta tensión y evita que toda la aventura se reduzca a recoger materiales tranquilamente mientras disfrutamos del paisaje.

La exploración también se beneficia de los fragmentos narrativos repartidos por el mundo. Encontrar documentos y conocer a otros vagabundos permite descubrir detalles sobre Tycos y su pasado. No necesitamos que cada rincón nos entregue una misión con una flecha luminosa; a veces basta con encontrar algo extraño y querer saber qué ocurrió allí.

Esta combinación de descubrimiento y recolección es importante para que el mundo no se convierta en un simple almacén de materiales. Los puntos de interés ofrecen motivos para desviarnos, mientras que los recursos nos dan razones para detenernos y examinar el entorno. La aventura funciona mejor cuando ambas cosas se complementan y no sentimos que estamos viajando únicamente para llenar el inventario.

Supervivencia en solitario o con amigos

Atmosfar permite afrontar la aventura en solitario o acompañado por otros jugadores. El modo cooperativo admite hasta cuatro participantes, lo que abre la puerta a compartir las tareas de exploración, recolección y construcción.

La posibilidad de jugar acompañado encaja muy bien con el planteamiento. Mientras uno se ocupa de buscar materiales, otro puede explorar los alrededores o colaborar en la gestión de las instalaciones. También permite compartir los desplazamientos y disfrutar del descubrimiento de nuevas islas en compañía.

La conexión con amigos resulta sencilla, y el juego no parece depender exclusivamente del multijugador para funcionar. La aventura puede disfrutarse en solitario, con el mismo planteamiento de supervivencia y progresión. La diferencia está en cómo decidimos repartir el trabajo y afrontar los desplazamientos.

En este tipo de propuestas, el cooperativo puede convertirse en un atractivo importante, especialmente cuando la exploración y la construcción son actividades constantes. Compartir una expedición, descubrir una zona desconocida o preparar el campamento son actividades que encajan naturalmente con la posibilidad de jugar acompañado.

Aun así, la experiencia individual también tiene sentido porque el juego ofrece objetivos, sistemas de fabricación y un mundo que invita a investigar por cuenta propia. No parece una aventura que necesite obligatoriamente un grupo para justificar sus mecánicas, y eso es positivo para quienes prefieren avanzar a su ritmo.

Un acceso anticipado con mucho cielo por delante

Atmosfar ha llegado a PC en acceso anticipado, por lo que conviene valorar su propuesta teniendo presente que todavía tiene recorrido por delante. La base jugable reúne exploración, supervivencia, fabricación, vehículos y construcción, y cuenta con suficientes elementos para despertar la curiosidad de quienes disfrutan de los mundos abiertos.

No todo está igual de pulido. En otras experiencias con el juego se han señalado errores, ralentizaciones y problemas puntuales de rendimiento. También se han mencionado situaciones en las que determinadas interacciones no funcionaban como deberían. Son aspectos que el equipo tendrá que seguir revisando durante el desarrollo, especialmente si quiere que los desplazamientos y la gestión de herramientas mantengan la fluidez que necesita una aventura centrada en la exploración.

La fauna también podría ganar presencia y algunas misiones agradecerían indicaciones más claras. No obstante, parte del atractivo está precisamente en permitir que el jugador investigue y encuentre sus propios objetivos. El equilibrio entre orientar y dejar libertad será importante para que esa sensación de descubrimiento no termine convirtiéndose en desorientación.

Lo más interesante es que Atmosfar ya cuenta con una estructura reconocible. La Avispa, el campamento portátil y el Cloud Cruiser forman un conjunto que da sentido a la progresión. No estamos simplemente acumulando recursos porque sí: cada mejora permite ampliar nuestras posibilidades y acercarnos a nuevas zonas del planeta.

El acceso anticipado será importante para comprobar cómo evoluciona esa estructura y qué nuevas posibilidades se incorporan. Por ahora, el proyecto ya dispone de una base que permite entender qué quiere ofrecer y cuál es su principal atractivo. La cuestión será mantener el interés durante las expediciones y conseguir que las diferentes actividades sigan aportando motivos para regresar al cielo.

Ficha técnica

  • Juego: Atmosfar
  • Desarrollador: Apog Labs
  • Distribuidor: Shueisha Games
  • Género: Acción, aventura y supervivencia
  • Plataforma: PC
  • Modo de juego: Un jugador y cooperativo para hasta cuatro participantes
  • Idioma: Español