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El género de la supervivencia y la construcción lleva años instalado en una rutina un tanto egoísta. Casi todos los títulos se reducen a lo mismo: apareces en pelotas en una playa, recoges tres piedras, te haces un hacha de sílex y construyes un castillo de tres pisos solo para ver cómo sube una barrita de experiencia. Sobrevivir por el simple hecho de no morir. Por eso, cuando el estudio finlandés Channel37 asomó la cabeza con The Last Caretaker, la comunidad arqueó una ceja. Aquí no eres un náufrago con complejo de arquitecto; eres una jodida máquina, el último Guardián activo en una Tierra que ha quedado completamente engullida por el océano. Y tu única directiva de fábrica es, nada más y nada menos, que salvar a la humanidad de la extinción total.

Cuando nos enteramos que saldría por fin en el idioma de Cervantes nos lanzamos a intentar probarlo y tras quemar horas en su acceso anticipado de Steam y devorar su reciente y masiva actualización, New Horizons, os traemos unas impresiones calentitas de un proyecto que se perfila como una de las propuestas de ciencia ficción más refrescantes e inmersivas de los últimos tiempos.

Un conserje robótico en un planeta de agua

Olvidaos de los desiertos llenos de zombis o de los bosques plagados de caníbales. El escenario de The Last Caretaker es un inmenso y melancólico océano azul donde los restos de nuestra civilización flotan como juguetes rotos en una bañera. Torres de alta tensión semisumergidas, refinerías oxidadas, bases de lanzamiento abandonadas y plataformas petrolíferas son los únicos puntos de apoyo en un mapa que transmite una soledad sobrecogedora.

No podemos evitar que el juego nos recuerde a la película WALL-E pero no nos dedicaremos a amontonar basura, sino a gestionar sistemas físicos reales. El juego te obliga a lidiar con redes eléctricas, tender cables interactivos, conectar módulos de energía, refinar combustible y asegurar los tanques de oxígeno. La jugabilidad en primera persona es deliciosamente táctil y analógica. Si quieres reparar un puesto de investigación, te toca bajarte del barco, desmantelar chatarra con herramientas pesadas y equilibrar los generadores para que el Complejo Lázaro no se quede a oscuras. Es una supervivencia práctica, sesuda y con un ritmo pausado que te atrapa sin que te des cuenta.

Criar humanos para mandarlos al espacio: Un bucle con propósito

Lo que verdaderamente rompe los esquemas de The Last Caretaker es su motor narrativo y emocional. A lo largo y ancho del océano, ocultas en bóvedas de alta seguridad, se encuentran las semillas genéticas de la humanidad. Tu objetivo es rescatar este material de ADN, llevarlo a tus laboratorios submarinos, cultivar a la próxima generación de seres humanos en tubos de ensayo y, cuando estén listos, meterlos en un cohete y lanzarlos a la órbita espacial para asegurar el futuro de la especie.

Cada lanzamiento exitoso no es solo un logro numérico en la pantalla; es una pequeña victoria moral en un mundo muerto. Toda la chatarra que recoges, cada cable que conectas y cada gota de combustible que destilas adquieren un sentido sagrado porque forman parte de un plan mayor. Ya no construyes una base por puro ego, sino para mantener calientes y a salvo los incubadores de unos bebés que son el último cartucho de la Tierra. Esta vuelta de tuerca transforma por completo la tensión del juego: cada recurso limitado que gastas te hace sopesar si estás comprometiendo el próximo lanzamiento orbital.

La revolución de «New Horizons» y el Proyecto Edén

Si la base de The Last Caretaker ya era sólida, la gigantesca actualización de contenido New Horizons ha venido a cambiar las reglas del juego por completo. Anteriormente, el lanzamiento de cohetes se sentía como un fin en sí mismo, pero ahora, gracias al denominado Proyecto Edén, el progreso que consigues en el espacio se refleja de forma visible en la superficie del planeta. A medida que colaboras con los comités de humanos en órbita y envías muestras vegetales, un descomunal jardín escalonado empieza a florecer y emerger del agua, transformando el yermo acuático en un auténtico oasis de esperanza. El mundo ya no es estático; reacciona a tus éxitos como robot protector.

Juguetes nuevos para el chatarrero del apocalipsis

Si algo le faltaba al acceso anticipado era un buen chute de variedad en el día a día del robot protector, y la última actualización se ha encargado de reventar el almacén. Para empezar, moverte bajo el agua ya no es un suplicio de tortuga gracias a unos propulsores de mano que te hacen sentir como un cruce entre Iron Man y Aquaman mientras esquivas la chatarra flotante.

Además, el bucle de desmontaje y recolección se ha vuelto mucho más satisfactorio con un bicharraco de herramienta ideal para echar abajo mamparos oxidados, y el dispositivo que tritura los componentes antiguos en materiales limpios y listos para la forja. Si a esto le sumas un escáner de red que te chiva dónde narices se ha cortado la corriente o dónde hay datos jugosos escondidos, The Last Caretaker gana enteros en fluidez. Ya no das palos de ciego entre pasillos inundados; ahora planificas tus expediciones como un auténtico ingeniero electrónico.

La exploración ha recibido un empujón tremendo con la apertura del puesto de investigación Theta-9. Es una instalación científica chulísima, completamente sellada, que esconde la respuesta a la misteriosa anomalía de Roth. Perderse por sus terminales, descargar HoloMemorias y esquivar las IA rebeldes que custodian el lugar es una delicia para cualquier enfermo de la narrativa ambiental.

Ballenas gigantescas y el regreso de la cultura humana

Pero si hay algo que nos ha volado la cabeza en esta última toma de contacto es el Proyecto Jonás. Olvidaos de estar completamente solos frente al metal y el agua: ahora el océano alberga a una majestuosa ballena gigante que protagoniza una línea de misiones completamente nueva. No es solo un adorno bonito para hacer capturas de pantalla; interactuar con ella nos abre recompensas exclusivas y añade una capa mística y ecológica a la trama que le sienta de maravilla al tono de The Last Caretaker.

Además, Channel37 ha querido recordar que la humanidad no eran solo números y cadenas de ADN. Con el sistema de Memorias Culturales, repartidas por el mundo encontraremos pinturas rupestres, estatuas sepultadas y hologramas que retratan el día a día de la civilización antes de que el mar reclamara su trono. Es un detalle bellísimo que refuerza ese «puñetazo emocional» del que hablábamos antes: estás salvando una especie que componía música, que pintaba y que sentía, algo que puedes palpar trasteando con el Data Recovery Deck para reproducir las canciones recuperadas en tu base.

Rendimiento en PC: Optimización fina en el mar

En lo técnico, The Last Caretaker corre sobre PC como un tiro. La actualización New Horizons no solo ha traído gigas de contenido, sino también un lavado de cara gráfico impecable. El sistema meteorológico se ha renovado por completo y el comportamiento de las olas es ahora mucho más realista y orgánico, transmitiendo esa sensación de inestabilidad y peligro constante cuando te pilla una tormenta en alta mar.

El estudio de Helsinki ha hecho los deberes reduciendo el consumo de memoria para evitar tirones en las partidas de gran tamaño (esos momentos donde tu base ya parece una miniciudad flotante llena de cables interactivos y tuberías). Además, la inclusión de compatibilidad con HDR hace que los contrastes entre la oscuridad del fondo marino y la luz cegadora de la superficie sean un espectáculo visual. Y ojo, un aplauso fuerte para los desarrolladores: por fin tenemos traducción completa al español, bien localizada y sin textos raros, algo indispensable para enterarte de todo el lore técnico de las terminales.

Conclusiones

The Last Caretaker se está cocinando a fuego lento pero con una letra increíble. Channel37 ha conseguido alejarse de la supervivencia genérica y aburrida para regalarnos una aventura sistémica, inmersiva y, por encima de todo, con un propósito que te atrapa el corazón. No es un juego de acción frenética, sino una carta de amor a la reconstrucción, la ingeniería analógica y la esperanza en mitad de la nada más absoluta. Con las brutales mejoras de New Horizons, el Proyecto Edén y su impecable rendimiento en PC, estamos ante uno de los accesos anticipados más apetecibles, redondos y prometedores de todo el panorama de la ciencia ficción actual. Si os gusta el mar, la gestión y las buenas historias, no le quitéis el ojo de encima. A nosotros nos ha encantado como pocos juegos.

Ficha Técnica

  • Desarrollador: Channel37
  • Editor: Channel37
  • Plataformas: PC (Steam y Epic Games Store)

*Hemos podido realizar este avance de The Last Caretaker, gracias a una clave de PC facilitada por Channel37

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